Esa noche, en la Villa Mendoza.
Catalina bajó a Thiago del auto y subió las escaleras en absoluto silencio.
Rosendo no le dio importancia, pero Eulalia Mendoza notó enseguida que algo andaba mal y le preguntó si había pasado algo.
Antes de que él pudiera procesarlo, se escuchó el estruendo de cosas rompiéndose en la planta alta, seguido del llanto desgarrador de Thiago.
Eulalia palideció de golpe y corrió escaleras arriba. Rosendo frunció el ceño y la siguió.
La puerta de la habitación de Catalina estaba abierta de par en par. Ignorando el llanto del niño, lo jalaba de una mano mientras arrastraba una maleta con la otra. Caminaba hacia la salida con los ojos enrojecidos.
—¡Cata! ¿Qué estás haciendo? —el corazón de Eulalia dio un vuelco. Se acercó rápido para cargar a Thiago y le dio palmaditas en la espalda, preguntando con gran angustia.
—¿Que qué hago? ¡Me voy de esta casa! —Catalina vio al hombre parado en la puerta y gritó con voz estridente y decidida—. ¡Sendo no me ama, y tampoco ama a Thiago! ¡Me voy a llevar a mi hijo de aquí!
—... Catalina, tranquilízate —Rosendo frunció el ceño, empezando a sentir dolor de cabeza.
—¿Que me tranquilice? —levantó la cabeza de golpe y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas—. Sabías perfectamente lo importante que era esta competencia para Thiago. ¿Y qué hiciste? ¡Dejaste que ella ganara frente a todos! ¿¡En qué lugar nos dejas a Thiago y a mí!?
Thiago se asustó aún más con los gritos. Acurrucado en los brazos de Eulalia, arrugó su carita regordeta y rompió a llorar a todo pulmón.
Eulalia sintió que se le rompía el corazón y, con los ojos llorosos, trató de consolarlo:
—Ya, ya, no pasa nada, mi niño, la abuela está aquí.
Luego, miró a Catalina, quien estaba fuera de sí, y trató de razonar con ella:
—Cata, ¿no estarás exagerando? Seguro que Sendo no lo hizo a propósito. Además, Thiago está muy chiquito, no lo asustes así.
—Sendo, dile algo.
Aunque no sabía qué había pasado, la única idea de Eulalia era calmar a su hija.
Rosendo arrugó el entrecejo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Marido que no supo perder