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El Marido que no supo perder romance Capítulo 139

Eulalia no esperaba que su hija no solo se negara, sino que se atreviera a ser tan fría al respecto. Sintió que perdía el orgullo y, de inmediato, su rostro se oscureció.

—¡Pero qué atrocidad estás diciendo! Conoces perfectamente la condición de Cata. Thiago es su único sostén emocional. Si la obligas a cambiarlo de escuela, ¿acaso quieres empujarla al abismo?

Gretel bajó la mirada sin decir nada, pero las manos que reposaban sobre su regazo ya comenzaban a temblar ligeramente.

—¡Y encima eres psicóloga! ¡Es el colmo que puedas decir algo tan despiadado! ¡Deja a un lado el hecho de que Cata es tu hermana, si fuera una completa desconocida, ¿tampoco tendrías ni una gota de empatía?!

Esas palabras cayeron como un mazo, y el rostro de Gretel se quedó blanco como el papel.

Tenía razón el dicho: las personas que mejor te conocen saben exactamente dónde clavar el puñal para hacerte más daño.

Al ver que no respondía y no cedía, Eulalia dejó escapar un resoplido de desprecio. Tomó su bolso, se levantó y salió de la cafetería azotando la puerta.

La suave música de jazz seguía sonando en el lugar, pero Gretel permanecía paralizada en su asiento.

Lentamente levantó la mano para tomar la taza de café; el líquido en el interior temblaba.

Fue en ese momento cuando notó que las yemas de sus dedos se habían vuelto pálidas y no dejaban de temblar.

No supo cuánto tiempo pasó.

De pronto, un suave golpeteo resonó en el cristal del ventanal.

Gretel salió de su ensimismamiento y volteó a mirar.

Del otro lado del enorme ventanal, Nerón llevaba a Valentina en brazos. Las manitas de la niña estaban pegadas al cristal mientras le dedicaba una enorme sonrisa.

—¡Mami! ¡Mami!

Podía ver cómo la boquita de Valentina se abría y cerraba, pero no lograba escuchar lo que gritaba.

En ese instante, a Gretel le picaron los ojos y, sin poder evitarlo, los bordes de estos se enrojecieron.

Al segundo siguiente, tomó su bolso, se levantó y salió de la cafetería con pasos largos.

—Tu asistente me dijo que estabas aquí tomando café —dijo Nerón sin hacer más preguntas, simplemente pasándole a la niña con total naturalidad.

Apenas Gretel la tomó en brazos, la pequeña se acurrucó contra ella y le dijo con un tono mimado:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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