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El Marido que no supo perder romance Capítulo 140

Valentina se mordió el labio inferior sin responder.

Con sus deditos gordezuelos encajó una pieza triangular en la ranura correcta y luego levantó la cara para mirarlo.

—Gracias, tío Sendo.

Rosendo se quedó un tanto desconcertado y frunció ligeramente el ceño.

—¿No lo vas a abrir para verlo, Vale?

La pequeña negó con la cabeza y le habló con total seriedad:

—Tío Sendo, tú eres el papá de Thiago. No eres mi papá, así que no necesitas tratarme tan bonito.

Con esas palabras, un silencio sumamente extraño inundó la sala.

Gretel venía saliendo de la cocina con un vaso de agua y justo escuchó el comentario. Sus pasos se detuvieron, y su mirada reflejó una claridad sin precedentes.

Rosendo no dijo nada.

En ese instante, la pantalla del reloj de Valentina se iluminó, y él alcanzó a ver la foto de fondo: Gretel, Nerón y la niña.

El fondo parecía la fachada de una cafetería. Nerón sostenía a Valentina con un brazo, y Gretel estaba de pie a su lado, sonriendo con ternura.

A simple vista, parecían una verdadera familia.

Rosendo apartó la mirada, se puso de pie y observó el reloj con una expresión inescrutable. En su interior lo invadió una incomodidad que él mismo no lograba comprender.

—Señor Almenar, su agua. —Gretel se acercó, entregándole el vaso como si no hubiera presenciado nada.

Él salió de sus pensamientos. No tomó el vaso, soltó un frío «Me voy» y, dejando las bolsas ahí, caminó hacia la puerta.

Las crueles palabras de Eulalia seguían resonando en la cabeza de Gretel. Sus ojos temblaron levemente, pero no hizo el intento de acompañarlo a la salida. Con el rostro impasible, dejó el vaso en la mesa y se dio la media vuelta para acompañar a su hija a jugar.

***

Esa noche, pasadas las nueve, después de que Valentina se quedó dormida, Gretel se recostó en el sofá y revisó su celular. Por pura inercia, abrió aquella aplicación de chats anónimos.

La foto de perfil de «El Confidente» estaba en línea.

Al segundo siguiente, como si lo hubiera presentido, recibió un mensaje de él.

[Regresé al país. Ahorita estoy en la capital.]

La mano de Gretel se detuvo y, casi por inercia, le contestó.

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