Esa sensación era muy extraña. Era como si ya se hubieran conocido en alguna parte.
Pero ella estaba completamente segura de que jamás lo había visto en su vida.
—...Eres muchísimo más joven de lo que imaginé.
Samuel Soler sonrió ampliamente, mostrando una hilera de dientes blancos, y le retiró la silla como todo un caballero.
—No sabía qué te gustaba tomar, así que te pedí un café con leche de avena calentito, ¿te parece bien?
Ese gesto tan atento hizo que una cálida sensación inundara el pecho de Gretel Mendoza. Se sentó y le dio las gracias.
El Confidente se presentó formalmente, y fue entonces cuando Gretel descubrió que el chico que tenía enfrente se llamaba Samuel Soler y apenas tenía diecinueve años.
Se llevaban tres años de diferencia...
La conversación fluyó con una armonía increíble. Parecían dos viejos amigos hablando sin filtros.
Samuel le contaba anécdotas divertidas sobre sus sesiones en los estudios de grabación en el extranjero, y Gretel intervenía de vez en cuando con comentarios acertados.
A mitad de la charla, él sacó su celular de repente y le mostró un póster digital.
—Mira, Gretel. Un cantante muy famoso tiene un concierto el mes que viene en la capital. Tuve muchísima suerte y logré comprar dos entradas. ¿Tienes tiempo? ¿Te gustaría ir conmigo?
Gretel parpadeó sorprendida y, con una suave sonrisa en los labios, asintió.
«Si Francisco siguiera aquí... seguramente sería un joven tan alegre y lleno de vida como Samuel», pensó con nostalgia.
Samuel se rascó la nuca, un poco avergonzado.
—Por cierto, Gretel, si tienes algún rato libre, ¿me darías un recorrido por la ciudad? Como viví tanto tiempo fuera, no conozco casi nada por aquí. Además, eres la única amiga que tengo.
—Claro —respondió. Le resultaba imposible decirle que no a esa mirada.
***
Mientras tanto, en Corporación Almenar.
Cuando Catalina Mendoza abrió la puerta de la oficina presidencial, Rosendo Almenar estaba concentrado firmando documentos.
Al escuchar el ruido, él frunció el ceño imperceptiblemente. Levantó la vista, vio que era ella y no dijo nada.
Catalina llevaba una elegante chaqueta de estilo Chanel color rosa pálido y un maquillaje impecable, pero su expresión delataba cierta ansiedad.

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