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El Marido que no supo perder romance Capítulo 196

—Rosendo, sabía que tú...

Afuera, Lucas Paredes sostenía una elegante caja de pastel.

—Cata.

Al verlo, una punzada de decepción cruzó velozmente los ojos de Catalina; luego, estos se le enrojecieron, adoptando una expresión de sufrimiento.

—Lucas... él no ha vuelto a casa en varios días...

Lucas sintió que se le encogía el corazón. La tomó de la mano, la llevó al sofá para que se sentara y le acercó el pastel.

—No llores, Cata. Quizás de verdad esté abrumado con el trabajo.

—Tú no lo entiendes —respondió ella, bajando la mirada mientras apretaba el teléfono con rabia contenida—. Antes, por más ocupado que estuviera, siempre regresaba a dormir si estaba en la ciudad, aunque solo fuera para darle las buenas noches a Thiago... Pero ahora...

Su rostro se llenó de pánico al recordar algo. Levantó la mirada bruscamente y se aferró al brazo de él, clavándole sus largas uñas afiladas. —¿¡Acaso fue a buscar de nuevo a esa infeliz!? ¡Sí, tiene que ser eso! ¡Solo esa cualquiera puede tener tanto poder sobre él!

Lucas se paralizó un segundo. Su mirada reflejaba una mezcla compleja de dolor y compasión.

Aun así, le cubrió la mano con la suya para tranquilizarla.

—Descuida, mientras yo esté aquí, te prometo que le haré la vida imposible.

Se inclinó y le dio un beso en el dorso de la mano, con un gesto lleno de devoción, como si ella fuera su mayor tesoro.

—Tú solo enfócate en tu recuperación, Cata. Yo me ocupo de lo demás.

Catalina bajó la vista, conteniéndose con todas sus fuerzas para no apartar la mano de un tirazo.

El único aliado que le quedaba era Lucas. Si él podía ayudarla a deshacerse de esa basura de Gretel, soportaría que le besara la mano... ¡o lo que hiciera falta!

Lucas se enderezó e intentó cambiar el ambiente con un tono más ligero.

—Por cierto, le comenté a tu madre que mi casa está en remodelación y le pedí asilo por unos días. Me dijo que sí.

Fue entonces que Catalina lo miró directamente.

—¿Y por qué quieres quedarte aquí?

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