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El Marido que no supo perder romance Capítulo 260

Dejaría que Selene lo descubriera por sí misma y tomara sus propias decisiones.

***

Mientras Rosendo entraba a la cocina para terminar la comida, Gretel se quedó sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y una laptop ultraligera apoyada sobre ellas. La pantalla mostraba densos artículos médicos en inglés.

Mientras leía, deslizaba el ratón.

De pronto, el teléfono a su lado sonó. La pantalla mostraba el nombre de «Kenzo Varela».

Gretel no despegó los ojos de la computadora; por simple reflejo, presionó el botón para contestar y puso el altavoz.

—Gretel —la cálida voz de Kenzo salió por el auricular—. ¿Cómo va la recuperación? ¿Todavía te duele la cabeza?

—Mucho mejor, compa... doctor Varela. No se preocupe —respondió, desviando la mirada de la pantalla por un segundo hacia la puerta de la cocina.

Por poco y le dice «compañero». Si hubiera soltado esa palabra, alguien tan astuto como Rosendo se daría cuenta al instante.

Ni siquiera sabía si él la estaba escuchando...

A Kenzo no le importó el detalle y prosiguió:

—He encontrado algunas pistas sobre el accidente. La placa de la furgoneta era falsa, el conductor es un adicto al juego, y en su cuenta bancaria...

Gretel se detuvo y una sombra de frialdad apareció en sus ojos, pero justo en ese momento, la voz profunda del hombre resonó en la sala, con un tono claramente intencionado.

—Gretel, ven a cenar. La sopa se está enfriando.

Desde que el teléfono había empezado a sonar, Rosendo ya se había dado cuenta.

Echó un vistazo a la pantalla del celular, entornó sus profundos ojos y pronunció aquellas palabras con una intimidad deliberada.

Al otro lado de la línea, la voz de Kenzo se cortó de golpe.

Tras un breve y tenso silencio, Kenzo preguntó con voz rasposa:

—¿Tú... regresaste con él?

Gretel frunció el ceño y miró a Rosendo.

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