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El Marido que no supo perder romance Capítulo 262

El botones corrió a toda prisa y abrió con suma reverencia la puerta trasera.

Rosendo Almenar descendió estirando sus largas piernas.

Llevaba un traje de alta costura color gris oscuro, de corte impecable, que resaltaba la amplitud de sus hombros y su imponente estatura.

La corbata estaba perfectamente anudada, como de costumbre, y las cuentas de sándalo en su muñeca derecha se balancearon levemente con sus movimientos. Todo en él emanaba una presencia abrumadora que gritaba «no te acerques».

Caminó directamente hacia Gretel, pasando de largo frente a las mujeres ricas que se habían quedado paralizadas, con los rostros encendidos como tomates.

—¿Esperaste mucho? —preguntó con voz grave, tomando con naturalidad el modesto bolso de las manos de ella.

—Acabo de salir.

La mirada de Rosendo se posó en el parche médico que cubría la frente de Gretel, y su ceño se frunció levemente.

Se quitó el saco del traje y se lo echó sobre los hombros a ella en un gesto caballeroso, acomodándole el cuello de la prenda.

—Hace viento. Sube al auto.

Le protegió la cabeza con la mano mientras ella se acomodaba en el asiento trasero. Luego, dio la vuelta y subió por el otro lado.

Durante todo el proceso, no le dedicó ni una sola mirada a las mujeres que seguían boquiabiertas en la escalera.

No fue hasta que el Rolls-Royce se incorporó al tráfico que la Sra. Linares reaccionó de golpe, sintiendo cómo el color se le esfumaba de la cara.

—¡Ese... ese era el señor Almenar, el CEO del Grupo Almenar! —tartamudeó la mujer del traje de Chanel, temblando—. ¡Apareció en la revista de finanzas del mes pasado!

A la Sra. Linares le zumbaban los oídos. Sintió que las piernas le fallaban y una capa de sudor frío le cubrió la espalda.

¡¿Acaso acababa de burlarse de la mujer del hombre más poderoso de la metrópoli?! ¡¿Y encima se atrevió a presumirle un simple Porsche?!

Dentro del auto, la mampara de privacidad se elevó, bloqueando la vista del chofer.

En el aire, la sutil mezcla de madera de oud, bergamota y el característico aroma a té blanco de Gretel se fusionaban creando una fragancia increíblemente agradable.

Gretel se quitó el saco de los hombros y se lo tendió.

—No tengo frío.

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