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El Marido que no supo perder romance Capítulo 264

Al día siguiente. Taller de alta perfumería artesanal.

Gretel llevaba un vestido de seda de corte limpio, combinado con unos tacones bajos. Aparte de un collar de la colección Alhambra con tréboles cuajados de diamantes y una pulsera a juego, no usaba ningún otro accesorio.

A pesar de su sencillez, el atuendo realzaba a la perfección su innegable elegancia natural.

Apenas tomó asiento, las mismas mujeres adineradas que la habían ignorado el día anterior se arremolinaron a su alrededor.

—Doctora Mendoza, ¿de qué diseñador es ese vestido? La calidad de la seda es espectacular.

—Doctora Mendoza, el hombre que vino a recogerla ayer era el señor Almenar, ¿verdad? ¿Ustedes son...?

Gretel mantuvo una expresión plácida. Lucía una sonrisa cortés pero inaccesible y no respondió a ninguna de las preguntas.

Ya había comprobado la verdadera naturaleza de estas personas y no tenía la menor intención de lidiar con su hipocresía.

Al otro lado de la mesa, la Sra. Linares hervía de rabia.

Hoy se había puesto a propósito el vestido de tweed más reciente de Chanel, ¡pero esa mujerzuela le había robado todo el protagonismo!

—¿Qué doctora Mendoza ni qué nada? —bufó la Sra. Linares con desprecio, depositando su bolso Himalaya sobre la mesa de un golpe—. Yo conozco a la verdadera señora Almenar. También se apellida Mendoza, pero desde luego no se llama Gretel.

—Todo el mundo en nuestro círculo sabe lo mucho que el señor Almenar ama a su esposa. ¿Esta de aquí quién se cree que es? No es más que una trepadora que se esconde en las sombras.

El silencio cayó de golpe sobre el salón.

Gretel levantó la vista y clavó los ojos en el rostro de la Sra. Linares.

—Señora Linares, le sugiero que cuide sus palabras.

Su tono era pausado, sin un ápice de alteración.

Pero su mirada era gélida e intimidante.

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