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El Marido que no supo perder romance Capítulo 271

—No tienes que darme explicaciones —dijo Gretel, girando el rostro para no mirarlo. Su voz sonó distante, teñida de frialdad—. Tú y yo no tenemos ninguna relación.

Rosendo se quedó paralizado, y en sus oscuros ojos se formó de inmediato la sombra de una tormenta.

No dijo nada más, retrocedió y se puso de pie. Justo cuando Gretel creyó que él había entendido su postura y estaba a punto de irse, el hombre tomó el teléfono fijo de la habitación, marcó una serie de números y lo puso en altavoz.

Tras dos tonos, la llamada fue contestada.

—¿Señor Almenar? —sonó la voz del Dr. Cervantes desde el otro lado.

—Dígame, en este momento: ¿dónde estuve anoche y qué estuve haciendo?

—¿Ah? Ah, claro. Anoche el pequeño Thiago tuvo una fiebre altísima, de casi cuarenta grados, y no soltó su mano en ningún momento. Fue una suerte que usted se quedara a cuidarlo toda la madrugada. Esta mañana pasé a revisarlo y ya le bajó la fiebre, así que hoy usted...

Antes de que pudiera terminar, Rosendo colgó el teléfono, se dio la vuelta, caminó de regreso a la cama y se arrodilló con una pierna en el borde. Levantó la mirada, observándola con una expresión de total franqueza.

—Ayer Thiago tuvo convulsiones por la fiebre alta. Me agarró y no me soltó, así que no pude irme. Además, mi teléfono se cayó en un plato de sopa y la placa base se quemó.

La miró fijamente, con un mar de emociones intensas arremolinándose en el fondo de sus ojos, algo que jamás había mostrado.

—Gretel, cada palabra que te he dicho es cierta. Ahora lo único que quiero es empezar de nuevo contigo y que estemos bien.

Gretel frunció levemente el ceño, recordando que esa mañana, cuando Zacarías apareció para entregar unas cosas, traía lo que parecía ser la caja de un teléfono celular...

Apretó los labios y bajó la mirada. Ese hombre tenía todo para volver loca a cualquier mujer. Siempre estaba en la cima, inalcanzable, sin permitir que nadie cruzara sus límites. Y, sin embargo, solo frente a ella inclinaba su orgullosa cabeza.

Pero, ¿podía creerle?

La foto que Catalina le había enviado la noche anterior casi se había convertido en su peor pesadilla.

—Entiendo —respondió ella con cierta incomodidad, sin saber muy bien cómo enfrentarlo.

La mirada de Rosendo se suavizó. La abrazó y se recostó a su lado en la cama.

Le desconcertaba que ella sintiera celos, pero en el fondo también lo alegraba.

Capítulo 271 1

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