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El Marido que no supo perder romance Capítulo 83

Catalina últimamente no lograba dormir bien.

Para ser precisos, desde que Rosendo comenzó a revisar su celular con tanta frecuencia, ella no había tenido una sola noche de descanso.

Antes, él nunca le prestaba atención a los mensajes de su teléfono y su vida social fuera del trabajo era prácticamente inexistente.

Pero últimamente, aunque el teléfono no sonara, él lo tomaba de vez en cuando para revisar la pantalla. Su expresión no cambiaba en absoluto, pero después volvía a colocar el aparato mucho más cerca de él.

Catalina había intentado espiar la pantalla.

Pero él la bloqueaba tan rápido que nunca lograba ver nada.

La única vez que alcanzó a ver algo, notó que la foto de perfil en las notificaciones emergentes era de un pequeño conejo naranja estilo caricatura.

Catalina miraba a Rosendo, quien parecía estar en otro mundo, y clavó sus uñas en las palmas de sus manos.

Llevaban cinco años juntos. Incluso en los cuatro años en que su enfermedad estuvo en su peor punto, Rosendo siempre había sido amable, considerado y respetuoso. Nunca lo había visto tan interesado en alguien.

Un hombre tan distante y frío como él, ahora estaba esperando con ansias el mensaje de alguien más...

Unos días después, por la tarde.

Gretel terminó su jornada laboral.

Se quitó la bata médica, se puso un suéter de punto color beige, se recogió el cabello en una coleta suelta y salió del consultorio con su bolso de lona al hombro.

—¡Hermana! —Alguien la llamó desde atrás justo cuando llegó a la calle para tomar un taxi.

Gretel detuvo sus pasos y giró la cabeza.

Catalina, vestida con un elegante abrigo gris claro y llevando gafas de sol, estaba de pie en el borde de la acera, observándola de lejos.

Parecía... mucho más delgada que la última vez que la vio.

A pesar de la distancia, Gretel podía notar claramente lo chupado que estaba su rostro.

Sus pómulos sobresalían y tenía una apariencia demacrada, lo que le daba un aire de profunda fragilidad.

Gretel apretó los puños a los costados y se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres?

Detrás de las gafas, los ojos de Catalina destellaron. Luego, cruzó por el paso de peatones, se detuvo frente a ella y se quitó las gafas oscuras.

Capítulo 83 1

Capítulo 83 2

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