Cuando Rosendo llegó, Catalina acababa de despertar.
Llevaba un abrigo largo de color negro sobre un suéter de cuello alto gris oscuro. Al entrar a la habitación, miró a la mujer en la cama y preguntó con su habitual tono distante:
—¿Cómo estás de las heridas? ¿Es grave?
Al verlo, los ojos de Catalina se llenaron de lágrimas.
En realidad, sus heridas no eran graves, pero ante su insistencia, le habían puesto un vendaje en el brazo izquierdo, le habían limpiado las rodillas y las habían envuelto en gruesas capas de gasa.
Solamente parecía estar muy lastimada.
—Rosendo... por fin llegaste —murmuró con voz ronca—. El doctor dijo que por suerte no hay fracturas, pero aquí...
Señaló su brazo izquierdo con dedos temblorosos.
—Por poco... por poco el golpe fue justo en el mismo brazo que me lastimé aquella vez...
Aquellas palabras tocaron un punto sumamente sensible.
Años atrás, Catalina se había lastimado el brazo practicando deportes extremos en el extranjero, un accidente que casi arruinó su carrera profesional.
Aunque logró curarse, a partir de entonces su brazo temblaba incontrolablemente cada vez que se presentaba en el escenario, haciéndola cometer errores constantes. A raíz de ello, fue diagnosticada con Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).
Ese incidente se convirtió en una pesadilla de la que ella nunca pudo despertar, y también era una espina clavada en el corazón de Rosendo.
Su mandíbula se tensó ligeramente y su voz se suavizó un poco.
—Haré que revisen las cámaras de seguridad.
—... No hace falta —respondió Catalina sintiéndose descubierta. Negó con la cabeza rápidamente, sus lágrimas empapando la almohada—. Seguro mi hermana no lo hizo a propósito. No quiero hacer de esto un gran escándalo, solo que... estoy aterrada.
Al decir esto con voz afligida, su respiración se aceleró de golpe. Apretó fuertemente las sábanas y se acurrucó, haciéndose un ovillo bajo las cobijas.
Eran los síntomas de un ataque de TEPT.
Rosendo frunció el ceño y tocó rápidamente el timbre de emergencia. Esperó a que las enfermeras entraran para atenderla y luego salió de la habitación.
Después de permanecer un buen rato de pie en el pasillo, hizo una llamada.
***
Gretel estaba calentándole leche a Vale cuando recibió la llamada.
Al ver quién llamaba, se quedó paralizada un par de segundos antes de contestar.

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