—Te doy dos opciones. La primera, que publiques una disculpa pública reconociendo que le tienes envidia a Cata y que fuiste la culpable de que la atropellaran. ¡Pídele perdón a Cata! La segunda...
Señaló hacia el letrero de la clínica de psicología.
—¡Haré que te cierren el lugar! Alguien como tú no merece ser doctora.
El rostro de Gretel estaba totalmente desprovisto de color.
Se inclinó para recoger su celular, pero en cuanto agachó la cabeza, todo a su alrededor se volvió oscuro. Un gran mareo hizo que perdiera el equilibrio.
Sus rodillas cedieron y su cuerpo se fue directo hacia adelante.
—¡Maldición! ¡No finjas que te vas a desmayar!
Una de las adolescentes que vestía uniforme escolar gritó asustada, temiendo que Gretel estuviera actuando para inculparlos, y se apartó a toda prisa.
Justo cuando parecía que iba a estrellarse contra el suelo, alguien empujó a la gente, y Nerón Zúñiga apareció dando grandes zancadas, atrapando a Gretel en el aire antes de que cayera.
Su impecable chaqueta había quedado tirada en el piso, y, por los movimientos bruscos que tuvo que hacer para salvarla, su camisa estaba algo desarreglada.
Con el ceño fruncido, su mirada se paseó por la multitud, emitiendo un aura de autoridad tan imponente que hizo retroceder instintivamente a varios de los fanáticos.
—¡Lárguense todos de aquí!
Cubrió a Gretel y, con un tono frío, ordenó a sus dos asistentes que venían detrás de él:
—Saquen a toda esta gente de aquí. Si alguien se resiste, llamen a la policía directamente.
Sus empleados actuaron rápidamente y, con la ayuda del personal de seguridad de la clínica, en cuestión de segundos lograron contener a los más agresivos.
Nerón no le prestó más atención al desorden y escoltó a Gretel hasta su auto. Luego, regresó por el celular que estaba en el piso y se lo entregó.
Las puntas de los dedos de Gretel seguían temblando cuando agarró el aparato.
Abrió la boca queriendo agradecerle, pero no fue capaz de articular palabra.
La puerta del auto se cerró, ahogando casi todo el ruido de afuera.
Nerón le ofreció una botella de agua.
Había visto la publicación en redes y por eso había corrido hasta allá. En el camino, ya había puesto a su equipo a borrar el contenido y eliminarla de las tendencias.
Lo que no esperaba es que el nivel del conflicto hubiera llegado hasta semejante punto.
Esos fanáticos trastornados se habían atrevido a ir a acosarla en pleno día, frente a su propio trabajo...
Gretel destapó la botella y bebió un trago.



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