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El Marido que no supo perder romance Capítulo 89

Catalina fingió estar aterrorizada. Incluso se acurrucó hacia la cabecera de la cama antes de morderse los labios tímidamente y responder con voz suave:

—Hermana, no te culpo... Sé que no fue tu intención.

Al decir esto, se volvió hacia Rosendo en el sofá. Con la nariz enrojecida y los ojos brillantes, le dijo:

—Rosendo, tenías razón. Mi hermana realmente vino a pedirme perdón.

Luego, miró de nuevo a Gretel.

—Hermana, ya que te tomaste la molestia de venir, ¿podemos hablar a solas un momento? Solo serán unos minutos.

Rosendo dejó su taza y observó a Gretel.

«Si ella dice que no...», pensó.

Sin inmutarse, Gretel asintió levemente con la cabeza.

Frunciendo ligeramente el ceño, Rosendo se levantó y salió, cerrando la puerta tras él.

En cuanto la puerta se cerró, la atmósfera de la habitación cambió radicalmente.

Catalina ladeó la cabeza y miró a Gretel. La pureza y fragilidad de su sonrisa se esfumaron, siendo reemplazadas por un triunfo altanero.

Se reclinó arrogantemente contra las almohadas, levantó el brazo fuertemente vendado y soltó una carcajada burlona.

—Me dolió muchísimo, pero qué se le va a hacer. Al menos el resultado fue espectacular.

Gretel seguía inmóvil, con el rostro impasible.

—¿No te mueres por saber por qué estaba tan empeñada en que me pidieras perdón?

—Porque fue divertido —respondió Catalina riendo alegremente, con un tono ligero y una satisfacción evidente—. ¿Creíste que lo que pasó en la calle fue un accidente? La verdad es que lo hice a propósito.

—Te provoqué a propósito esperando a que te descuidaras. Luego... me dejé caer a la calle. ¡Hasta el auto que me golpeó fue obra mía!

Al decir esto, una chispa de odio cruzó por sus ojos y su voz se volvió más despiadada que nunca.

—¡Eso te pasa por desear siempre al hombre que no te pertenece!

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