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El Marido que no supo perder romance Capítulo 90

Tenía los ojos inyectados en sangre y todo su cuerpo temblaba sin control.

El rostro de Rosendo se tensó por un instante. Rápidamente oprimió el botón de emergencias médicas, luego se acercó a la cama, la tomó en sus brazos y le dio suaves palmaditas en la espalda.

—Rosendo, yo solo estaba celosa... —murmuró Catalina con una voz entrecortada, llena de pánico y fragilidad, aferrándose a él como una persona a punto de ahogarse que encuentra un salvavidas.

—Los vi comer juntos... Noté que últimamente estabas muy distraído... Yo... yo solo estaba aterrada. Tenía pánico de que ella te arrebatara de mi lado y me abandonaras...

De pronto, su cuerpo comenzó a tener espasmos severos. Se encogió sobre sí misma agarrándose la cabeza, en lo que parecía ser una grave reacción somática de su TEPT.

Un equipo médico entró apresuradamente a la habitación y Rosendo retrocedió medio paso para permitirles atenderla.

Todo este tiempo, Gretel había permanecido en silencio y sin moverse.

Como psicóloga, estaba demasiado familiarizada con ese tipo de ataques.

Fuera verdadero o falso, la frecuencia respiratoria nunca mentía...

Pero eso a ella ya no le importaba.

Se acomodó su bolso al hombro y se dirigió hacia la puerta.

Justo cuando llegó a la salida, un par de guardaespaldas vestidos de negro le bloquearon el camino.

Gretel se detuvo y miró fijamente a Rosendo.

Él estaba en medio de la habitación con una mano en el bolsillo, y con su atención puesta exclusivamente en Catalina.

—La grabación.

Fueron solo dos simples palabras, pero con un innegable tono de irritación.

Gretel agarró con fuerza la correa de su bolso y le contestó con una frialdad que helaba la sangre:

—¿Y si me niego a dártela?

Rosendo se acomodó los puños de la camisa y volteó a verla.

—Gretel, sabes perfectamente que sin mi permiso, no podrás llevártela de aquí.

Al ser un gran inversionista de ese hospital, tenía toda la autoridad para ordenar al cuerpo de seguridad a su antojo.

En ese momento, solo se escuchaba el llanto ahogado de Catalina y los movimientos atareados del personal médico en la habitación.

Capítulo 90 1

Capítulo 90 2

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