Capítulo 249 Su tono destilaba furia contenida.
-Si tan solo no la hubieras tratado con tanta crueldad. No solo tú... yo también. Sobre todo yo, que era su esposo.
Tenía los puños apretados, los nudillos blancos.
-Si tan solo la hubiera tratado mejor. Aunque no la amara, al menos debí estar a su lado cuando estaba embarazada. Nunca debí dejar que se fuera de nuestra casa. Y tú, como su suegra, no debiste alegrarte de verla partir. ¿O no es cierto? Pero en vez de eso, ¿qué hicimos?
Las palabras golpearon a Kate con más fuerza que cualquier acusación. Quiso responder, pero no le salió nada. Los argumentos que había afilado para acorralar a Daven se evaporaron, y solo quedó el peso de la verdad aplastándola. Porque él tenía razón.
En el fondo, Kate lo recordaba con dolorosa claridad: cómo vio a Althea irse y no sintió más que alivio.
-Pero al menos... ella pudo haberte dicho que estaba embarazada...
-¿Cómo iba a tomar esa decisión en ese entonces? -Daven se rio con amargura- ¿Qué habría recibido, aparte de humillación y rechazo?
Kate guardó silencio.
-En lugar de volver a Aethelis y decir la verdad, que estaba esperando un hijo mío, Althea eligió criarlo sola. Sin ayuda de nadie. Viviendo en paz y en silencio, solo ellos dos... sin intención de hacerme saber jamás que yo tenía un hijo. Para ella, yo era el pasado, algo que ya no necesitaba en su vida. -Su voz se volvió pesada, la mirada hundida en el piso, la expresión ensombrecida por el arrepentimiento.
-Tal vez este es el castigo de Dios por cómo la traté. Porque ahora que por fin sé la verdad, no puedo hacer nada más que estar al lado de mi hijo como un extraño. Y si me niego a aceptar ese papel, Althea ya me lo dejó muy claro: no me dejará ver a Josh de nuevo. -Su voz se quebró en un susurro.
-¡No se atrevería, Daven! Nadie puede ser tan cruel como para arrebatarle un hijo a su padre.
-Si se atrevería, mamá. -Sonrió con amargura, frágil-. Y no puedo correr ese riesgo. Por eso te lo suplico... por favor. -Su tono se suavizó hasta volverse una súplica-. Guarda este secreto hasta que sea el momento.
-¿Hasta cuándo? -exigió Kate, la impaciencia colándose en su voz-. Es mi nieto, Daven. Merece saber que todavía tiene una abuela.
-Lo sé. -Daven sonrió apenas, con tristeza-.
Pero por favor... ten paciencia. ¿Puedes hacer eso por mí?
Kate ya había perdido la cuenta de cuántas veces había suspirado desde que escuchó la noticia.
Sentía el pecho abarrotado de emociones: rabia, dolor, incredulidad, y algo más que no lograba nombrar.
-Entonces... ¿cuando te pregunté por los rumores, me mentiste?
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