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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 330

Capítulo 330

-Hoy se durmieron temprano -murmuró Althea mientras cerraba con cuidado la puerta del cuarto de los niños.

Daven, sentado en el sofá de la sala, asintió.

-Josh dijo que mañana quiere llevarle un dibujo de flores a papi Chase. Lo ayudé a colorearlo.

Althea sonrió apenas.

-Así que ahora eres todo un experto en colorear, ¿eh?

-Cuando mi competencia es un niño de cinco años, todavía tengo posibilidades -dijo entre risas.

-Pero Grace es mejor -bromeó Althea-. Le encanta usar todos los colores que encuentra en una sola hoja.

-A eso se le llama creatividad -respondió Daven con soltura-. Tú eras igual, ¿te acuerdas? La primera vez que cocinaste echaste todas las especias que tenías.

Althea se rio y negó.

-¿Todavía te acuerdas de eso?

-¿Cómo podría olvidarlo? Comí pollo asado que sabía a salsa de soya, chile y miel al mismo tiempo.

Pero igual me lo terminé.

-Porque tenías miedo de que me enojara -lo acusó Althea, fingiendo un puchero.

-No -dijo Daven, suavizando el tono mientras la miraba-. Porque incluso entonces me di cuenta de que quería seguir comiendo lo que tú cocinaras todos los días, sin importar lo terrible que estuviera.

La risa de Althea se fue apagando, sustituida por una quietud silenciosa entre ellos.

-Daven...

-Lo sé -dijo él con suavidad, interrumpiéndola -. Sé que no soy alguien en quien te resulte fácil volver a confiar.

Althea bajó la mirada.

-No es por la confianza... A veces solo tengo miedo. Miedo de que esta felicidad no dure.

-Esta vez no será así. -Daven se puso de pie y se acercó a ella-. Te perdí una vez por tratar de

demostrarme ante el mundo. Ahora solo quiero demostrar una cosa: que puedo ser el hogar al que quieras volver.

Althea levantó la mirada y le escudriñó la cara.

-Lo dices como si fuera fácil.

-No lo es -admitió en voz baja-. Pero quiero intentarlo, un día a la vez. Igual que hacemos con los niños.

Hubo un silencio de nuevo entre ellos, roto solo por el suave tictac del reloj.

-Davén -dijo ella tras un momento-, no sé si todavía me queda lugar para amar como antes.

-Entonces déjame esperar afuera de ese lugar - respondió Daven con voz baja-. No voy a forzar la entrada. Solo quiero quedarme cerca... hasta que estés lista para volver a abrirlo.

Althea respiró hondo.

-¿Sabes...? Chase me dijo lo mismo una vez.

Daven inclinó un poco la cabeza, con tono tierno.

-Lo sé. Y no estoy tratando de reemplazarlo, Thea.

Solo quiero amarte de otra manera, sin exigencias, sin remordimientos.

Una sonrisa suave le rozó los labios.

-Hablas como alguien que aprendió mucho.

-Espero que sea de mí -contestó sin titubear-.

Pero si no es así... aun así seré feliz, mientras estés sonriendo.

Althea giró la cabeza, intentando ocultar el leve rubor que le subía a las mejillas.

-¿Sabes? La forma en que hablas...es peligrosa.

-Solo es peligrosa -murmuró-si todavía quieres creerme.

La miró con una calidez que nunca llegó a existir cuando eran marido y mujer. Ahora ya no había ego ni necesidad de ganar una discusión: solo dos personas que aprendían en silencio a hacer las paces con el pasado.

-Daven -dijo Althea-, si le doy una segunda oportunidad a esto... ¿esta vez la vas a cuidar mejor?

-Más que listo -respondió sin dudar-. Porque esta vez sé qué vale la pena conservar.

Althea le sostuvo la mirada, con ojos firmes y atentos.

-Está bien -dijo al fin-. Entonces empecemos de nuevo. Despacio.

Daven asintió y una sonrisa suave le curvó los labios.

-No quiero ir rápido. Solo quiero para siempre.

Entre los dos volvió a caer el silencio, pero ya no era incómodo. Era cálido, los envolvía como una bella promesa.

Daven la miró una vez más antes de murmurar:

-Buenas noches, Thea.

-Buenas noches, Daven.

Mientras Daven caminaba hacia la puerta, volteó a verla. Althea seguía sentada en el sofá, con una sonrisa tenue pero genuina. Y, por primera vez en años, Daven se sintió en paz.

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