Capítulo 390
-Bienvenida, señora Miller.
Tantos saludos iban dirigidos a Riana. Era lo natural. La esposa del director del Grupo TnC apareció en la oficina sin previo aviso. Riana no solía hacer eso, pero estaba claro que lo que había que discutir pesaba más que la costumbre o el protocolo.
Lo único que podía hacer era devolver cada saludo con cortesía cálida. Nunca fue de esas mujeres a las que el estatus les agrandaba el ego, mucho menos con los empleados que trabajaban bajo el mando de su esposo.
Al poco rato llegó a una sala que no visitaba desde hacía años.
La oficina de Nathan se veía tal como la recordaba.
Estanterías altas con carpetas pulcramente ordenadas cubrían las paredes. Una ventana amplia dejaba entrar la luz brillante del día y mostraba el bullicio constante de Solaviz allá abajo. En la pared opuesta, un monitor grande proyectaba un tenue resplandor azulado sobre la sala.
-Mamá -dijeron Chris y Cale casi al unísono cuando Riana entró.
Riana se sentó muy derecha en el sofá, con las manos entrelazadas con fuerza sobre el regazo y la expresión rígida. Frente a ella, Cale estaba de pie con una tableta en la mano, mientras Chris se apoyaba en el escritorio con la tensión marcada en la cara. Nathan permanecía sentado, callado, escuchando.
-Bueno -dijo Riana sin perder tiempo-, ¿qué tengo que saber sobre Selena?
Desde que salió del departamento de aquella mujer, Riana apenas podía contenerse. Selena manejaba las palabras con demasiada destreza; presionaba y arrinconaba a los demás sin el menor asomo de culpa.
-Estas son grabaciones de las cámaras del corredor, el vestíbulo y el balcón del departamento donde se hospeda -dijo Cale por fin, rompiendo el silencio-. La he estado vigilando desde el día en que murió Nora.
Riana giró bruscamente hacia él.
-?Y?
-Casi todas las noches -siguió Cale con voz tranquila-, hace o recibe llamadas. Siempre en la misma franja horaria: entre las once de la noche y pasada la medianoche.
Chris entrecerró los ojos.
-Las llamadas frecuentes no significan necesariamente nada, ¿o sí? Podría estar hablando con su familia.
-¿A medianoche? ¿A una hora en que se supone que nadie se va a dar cuenta? -lo interrumpió Cale, tocando la pantalla de su tableta-. Y eso ni siquiera es lo principal. Cada vez que intentamos rastrear el número, ya está dado de baja. Celulares desechables. Sin registro a nombre de nadie.
Riana clavó la mirada en Cale.
-¿No suena a que está escondiendo algo?
Nathan preguntó:
-¿Estás seguro de que ella no sabe que hay cámaras?

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