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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 564

El teléfono volvió a vibrarle en la mano. No era Harold. Eran alertas de noticias. Uno tras otro, los titulares llenaron las pantallas de los principales medios, y lo peor era que su foto aparecía destacada en cada uno.

Diario de Solaviz: “Nuevo escándalo: la identidad de Eli Ward fue inventada”.

Metro News: “Selena Ward, presunta autora intelectual detrás de la manipulación del ADN”.

City Channel: “La familia Miller, víctima de un engaño público”.

Apretó los puños. Apartó la mirada del teléfono. Harold no iba a llamarla. Fuera una trampa que él le había tendido o algo que ella aún no alcanzaba a entender, algo era seguro. Estaba sola y nadie le iba a ayudar.

Ahora tenía que enfrentarse a todo sola, sobre todo a la presión implacable de los reporteros, que exigían respuestas.

—¡Señora Selena! ¿Va a disculparse con la familia Miller por este engaño?

—¿Es consciente del daño psicológico que sus actos pudieron causarle a la niña?

—¿Obtuvo algún beneficio económico con esta maniobra?

Las voces se mezclaban, competían entre sí, exigían una respuesta y no le dejaban espacio para pensar. Basta. No podía dejar que esto se descontrolara más.

—¡No voy a hacer ninguna declaración! —dijo Selena, y por fin alzó la voz.

Pero su respuesta solo provocó más preguntas.

—¿Se niega a asumir su responsabilidad?

—¿Piensa huir?

La multitud se apretó a su alrededor. Le temblaban las piernas. No podía avanzar. Tampoco podía retroceder. Por primera vez desde que todo aquello empezó, sintió verdadero miedo. Entonces una voz firme y autoritaria se impuso al caos.

—Disculpen. Háganse a un lado, por favor.

Varios reporteros se volvieron y apuntaron las cámaras hacia donde venía la voz. Dos patrullas se habían detenido junto a la acera. Las puertas se abrieron. Tres oficiales bajaron y avanzaron con paso rápido y decidido. La multitud de reporteros empezó a apartarse para abrirles paso mientras los oficiales se abrían camino.

Uno de ellos se acercó a Selena.

—¿Selena Ward? —preguntó sin rodeos.

Selena lo miró y palideció. ¿Qué hacía ahí la policía?

—¿Qué tiene que decir de todo esto?

Selena se quedó paralizada; todo a su alrededor parecía girar demasiado rápido. Las voces, los flashes y el movimiento se mezclaban en una sola masa. Volvió a bajar la mirada al teléfono.

Ninguna llamada de Harold. Ningún mensaje. Ni una sola advertencia. El oficial le indicó que avanzara.

—Por aquí, por favor.

Se le enfriaron las manos mientras la escoltaban hacia la patrulla. A sus espaldas, las voces de los reporteros la perseguían como una tormenta que no la soltaba. En una pantalla enorme cercana, los titulares ya eran otros:

“NOTICIA DE ÚLTIMA HORA: SELENA WARD DETENIDA POR LA POLICÍA LA POLICÍA DE SOLAVIZ ACTÚA CON CONTUNDENCIA CONTRA SELENA WARD SELENA WARD ENFRENTA CARGOS GRAVES”

Le dolió leer esas palabras. Por primera vez, comprendió una verdad amarga que ya no podía negar.

Aquello no era casualidad. No era un error de Noel. Alguien lo había planeado todo. Con cuidado. Con paciencia. Habían montado el escenario, la habían hecho salir y habían esperado el momento perfecto para atacar.

Y el juego que ella siempre creyó tener bajo control... se había vuelto contra ella y empezaba a destruirla. Solo quedaba preguntarse quién estaba detrás de todo.

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