Selena apenas se dio cuenta de que ya se estaba moviendo.
Las manos todavía le temblaban mientras le devolvía el teléfono a la reportera. Le costaba respirar; el aire le salía entrecortado. La voz de Noel le retumbaba en la cabeza como un martillo.
No había parentesco biológico entre Eli y Chase Miller. Habían manipulado la prueba de ADN por orden suya. A Noel lo presionaron y amenazaron para que emitiera el documento.
—Tengo que irme —dijo apurada, más para sí que para quienes la rodeaban.
—¿Cómo responde a esta noticia, señora Selena? —insistió la reportera, acercándose.
—¿Es verdad lo que dijo el doctor Noel?
Selena no le hizo caso. Se dio vuelta y fue hacia la salida del restaurante con pasos rápidos y tensos. Las sillas y mesas que antes le habían parecido elegantes ahora se cerraban a su alrededor.
Algunos comensales la miraban fijamente. Otros murmuraban, desconcertados. Varios ya habían sacado sus celulares para tomar fotos y grabar la escena.
Selena no miró atrás. No le importaba que la miraran, la fotografiaran o la grabaran. Solo quería salir. Apenas empujó las puertas de cristal, la luz del día, intensa y cegadora, le hirió los ojos.
Y entonces se detuvo. Al pie de la escalinata, más de diez personas ya la estaban esperando.
La mayoría sostenía cámaras y micrófonos; eran reporteros de algunas de las cadenas de televisión más conocidas de Solaviz. Otros le apuntaban a la cara con la cámara del celular y grababan incluso antes de que ella alcanzara a salir por completo.
Alguien gritó primero.
—¡Ahí está! ¡Selena Ward acaba de salir!
En segundos, se abalanzaron sobre ella.
—¡Selena! ¿Es cierto que falsificó los resultados de la prueba de ADN?
—¿Presionó a Noel Abraham para alterar el informe del laboratorio?
—¿Usó la identidad de Eli para entrar en la familia Miller?
—¿Trabajaba con alguien para acabar con el Grupo Callister?
Los flashes estallaban uno tras otro. Selena dio un paso atrás. Luego otro. Siguió retrocediendo mientras los reporteros avanzaban en bloque y la acorralaban a preguntas. ¿Adónde podía ir? No tenía por dónde escapar.
Piensa. Encuentra una salida, se ordenó, ahogada por el pánico.

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