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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 414

Capítulo 414

—Sí. Y contratarlos requiere fondos enormes.

Sumas extremadamente grandes. —Erick exhaló—.

El problema ès que no podemos rastrear el flujo del dinero. Es demasiado limpio; se vuelve imposible de rastrear apenas se rompe en varios puntos.

Cale cerró los ojos. En su mente, las piezas empezaron a alinearse, no para darle una respuesta, sino para mostrarle algo mucho más oscuro.

—Dijiste que esto era grande —murmuró—. Ahora dime qué tan grande.

—No es una serie de ataques aislados, señor — respondió Erick con firmeza—. Es una cadena de eventos de un plan. La familia Miller. El Grupo Callister. La gente a su alrededor. Todos en la mira, uno por uno.

Cale abrió los ojos. Su mirada era fría.

—¿Y Eli?

—Hubo un acercamiento —dijo Erick—. No para hacerle daño. —Hizo una pausa—. Para convertirla en una variable, algo que despertara compasión en

un momento crítico.

—Un escudo —murmuró Cale—. ¿Pero la compasión de quién intentan despertar?

—La de su familia, señor.

Cale respiró hondo. Lentamente, bajó el celular, pero no cortó la llamada. Desde el otro lado de la habitación, Daven, que lo había observado en silencio, lo supo. Algo mucho más grande acababa de salir a la luz.

—Erick —dijo Cale al fin, con voz tranquila pero amenazante—, ni una sola palabra de esto sale.

Ciérralo.

—Ya lo hice, señor.

—Bien. —Cale se volteó hacia Daven—. Sigue con lo tuyo. Yo me encargo del resto.

Terminó la llamada. La habitación volvió a quedar en silencio, pero era una calma falsa, como el aire antes de que estalle una tormenta.

—¿Pasó algo con lo del cementerio? —preguntó Daven en voz baja. Su voz cargaba furia—. Y aunque no alcancé a escuchar bien, capté que Erick mencionó el accidente de mi madre. Y después... el

ama de llaves de tu familia, Nora. ¿En serio esto es parte de un plan?

Cale no respondió enseguida. Se volteó y se encontró a Daven parado no muy lejos de él, con la mirada filosa e inflexible.

—¿Qué pasó? —exigió Daven.

Cale caminó a la mesa, jaló una silla y se sentó. Se recostó hacia atrás y soltó el aire con pesadez.

—Cale. —Daven bajó la voz, insistente—. No me gusta cuando te quedas callado.

—No quiero que reacciones por impulso — respondió Cale.

—Entonces sí es serio —concluyó Daven.

—Más que eso —dijo Cale al fin—. Está planeado.

Daven se acercó.

—Explica.

Cale le sostuvo la mirada unos segundos y luego suspiró brevemente.

—El accidente de Kate no fue solo un accidente. La muerte de Nora, algo que no debía tener nada que

ver con todo esto, se vio arrastrada por las circunstancias. Y lo que pasó hoy en el cementerio, lo del dron, fue deliberado.

Daven se quedó paralizado.

—¿Qué? ¿Un dron? —Sacudió la cabeza con incredulidad—. Dime, Cale. Si esto pasó en el cementerio, entonces mi esposa y tu madre estaban ahí, ¿no?

Cale exhaló de nuevo, largo y pesado. Ya no podía ocultárselo a Daven por más tiempo. A regañadientes, le transmitió todo lo que Erick acababa de contarle, junto con lo que el asistente de su padre había descubierto mientras monitoreaba e investigaba los incidentes que habían ocurrido tan cerca unos de otros.

—Todo está conectado —continuó Cale, con palabras rápidas pero controladas—. El método es el mismo. Los ejecutores cambian, pero el sistema es idéntico. Hay un solo bando detrás de todo esto.

—¿Incluyendo Rioverde? —La voz de Daven se endureció.

Hubo un momento de silencio mientras Cale lo

miraba; la expresión de Daven cambió, como si algo acabara de encajar.

—Están atacando a mi familia —dijo Daven, apretando el puño—. Primero mi madre, luego mi esposa... no es imposible que vayan tras mis hijos después, Cale.

—Y por eso mismo no puedes moverte ahora — cortó Cale con brusquedad.

Daven se volteó hacia él con los ojos encendidos.

Quiero todo aclarado, ahora. Puedes conseguir los datos de Erick. Nos dices quién está financiando esto.

Arven asintió con firmeza.

—Entendido, señor. Empiezo ahora.

—Usa todos los canales —agregó Daven–. Legales y extraoficiales.

—Entendido.

Cale añadió: —Enfócate en el rastro del dinero. Si esto es tan grande como sospechamos, tiene que haber una

fuga en algún lado. Alguien como Bret Frederick no actúa solo. Y Selena no se movería sin instrucciones.

El nombre hizo que Daven resoplara.

—El primo lejano de Harold, instalado como comisionado en el Grupo Callister. Tratando de coronarse rey sin un trono.

—Y alguien con todas las razones para querer que Callister caiga —respondió Cale.

Daven caminó de un lado al otro.

—Si en serio esto es una sola red... entonces hemos estado parados en medio de una guerra sin siquiera darnos cuenta.

—Sin darnos cuenta, no —corrigió Cale—. Sin información y sin pruebas.

Daven se detuvo y miró a su amigo.

—¿Y ahora?

—Ahora —dijo Cale con frialdad—, contraatacamos. Pero iremos un paso adelante.

Daven asintió despacio. La rabia no se le había disipado, pero ahora estaba contenida por la

determinación.

—Si creen que me voy a quedar callado porque esto es un asunto de negocios —dijo en voz baja—, están muy equivocados.

Calè sonrió apenas, no con amistad, sino con la frialdad de quien va a la guerra.

—Bien —dijo—. Porque esto ya dejó de ser solo negocios. —Le sostuvo la mirada a Daven—. Esto es guerra.

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