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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 700

Naomi la miró confundida.

—¿Errores...?

Lydia hizo un gesto con la mano para posponer la explicación.

—Algún día lo sabrás. Pero no te molesta estar cerca de ellos, ¿o sí?

Naomi rio.

—Aunque sean ruidosos y a veces un poco fastidiosos, me siento... muy bien con ellos.

—Sí. —Lydia volvió a asentir—. La casa estaba mucho más animada mientras estuvieron ahí.

Pasaron unos segundos en un silencio agradable antes de que Naomi se recostara en el asiento y mirara por la ventana. Las calles empezaban a llenarse de autos que volvían al centro, mientras el cielo adquiría poco a poco un tono anaranjado.

—Tiene razón —murmuró Naomi—. Estoy segura de que, en cuanto lleguemos a casa, todo quedará en silencio.

Lydia entendió lo que quería decir sin necesidad de más explicaciones. También percibía ese cambio, aunque prefirió no decirlo en voz alta.

El celular de Lydia sonó y rompió la calma que apenas empezaba a instalarse entre ellas. Miró la pantalla un instante antes de contestar y adoptó un tono mucho más profesional.

—Sí, habla Lydia.

La conversación fue breve y directa. Lydia habló con mayor firmeza y concentración, y reveló una faceta que Naomi pocas veces había visto. Aunque Naomi no tenía intención de escuchar a escondidas, le llegaban fragmentos del intercambio. No pudo evitar sorprenderse al notar lo tranquila y seria que sonaba Lydia.

—De acuerdo, retomo la próxima semana. Por favor, envíeme el horario actualizado esta noche.

Lydia colgó y suspiró, como si acabara de retomar una rutina que había dejado de lado por un tiempo. Naomi se volvió hacia ella, algo sorprendida.

—¿Va... a volver al trabajo?

—Sí —respondió Lydia con calma—. Ya es hora.

Naomi asintió despacio, pero esta vez no miró enseguida hacia la ventana. Una preocupación no la dejaba tranquila.

—Si usted trabaja... —Hizo una pausa, tratando de expresarse—. ¿Qué se supone que haga yo en casa?

Lydia la miró y percibió la preocupación en su voz. No era una pregunta casual, sino una muestra de su inquietud.

—Solía trabajar medio tiempo en varios lugares —continuó Naomi, ahora con voz más baja y sincera—. Tenía rutinas y tareas que debía terminar cada día. Pero desde que estoy en Portclair... —Sonrió apenas, aunque su mirada siguió apagada—. No he hecho nada. Cada vez que intento ayudar en la cocina, el personal me pide que vuelva a sentarme y descanse.

Guardó silencio un momento y luego añadió:

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