—Te voy a extrañar muchísimo —dijo Grace, con lágrimas contenidas que le humedecían los ojos.
Desde la mañana no se había separado de Naomi. Antes, incluso había logrado convencer a sus padres de retrasar la partida. Sin soltar a Naomi, se volvió hacia Lydia y la miró suplicante.
—Vas a volver a casa, ¿verdad, tía Lydia? Sabes que la abuelita y el abuelito te extrañan.
Lydia, sentada a su lado, solo pudo reír.
—Claro que los visitaré. Tal vez el mes que viene.
—¡Sí! —exclamó Grace y se le iluminó la cara.
Grace fue quien más habló durante todo el trayecto al aeropuerto. Josh intervenía de vez en cuando con comentarios burlones, mientras Althea mediaba y calmaba al pequeño Chase. Daven, en cambio, seguía trabajando muy concentrado en su tableta.
De algún modo, todo aquel bullicio hacía que Naomi se sintiera cómoda. No quería separarse de Grace. Ni de Josh.
La tarde anterior, Naomi por fin había empezado a hablar con él con más soltura. Por suerte, Josh no era nada tímido. Al contrario, la incluía en la conversación y la animaba hasta que se expresaba con más libertad.
Si tuviera otra oportunidad de pasar tiempo con ellos, no la desperdiciaría. Por fin llegaron al aeropuerto.
A medida que se acercaba el momento de despedirse de Grace y su familia, a Naomi le costaba cada vez más dejarla ir. Desde que bajaron del auto para dirigirse al avión que los llevaría de regreso a Solaviz, Grace no dejó que Naomi se alejara ni un paso.
—Dame tu número —dijo Grace, tendiéndole a Naomi el celular de su madre—. En cuanto llegue a casa, te llamo.
Naomi dudó.
Todas sus cosas se habían quedado... pero ¿en su departamento o en el hotel? Ya ni siquiera estaba segura. Y hasta ese momento no había pensado en conseguir otro celular.
Al notar la vacilación de Naomi, Lydia intervino enseguida.
—Primero puedes contactarme a mí, cariño. El celular de Naomi está descompuesto. En cuanto tenga un número nuevo, te lo doy.
—¿Lo prometes? —Grace extendió el meñique.
—Claro que sí. —Lydia sonrió con calidez.

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