Las palabras de Vincent aumentaron la tensión dentro del auto. Después de eso, Cale no dijo nada más. Volvió la mirada a la tableta que sostenía y estudió cada detalle de los marcadores de coordenadas que rastreaban dos desplazamientos en direcciones opuestas.
—Señor —lo llamó Vincent, incapaz de ocultar el nerviosismo en la voz.
Cale alzó la mirada por un instante.
—La señal GPS de sus vehículos desapareció de pronto —informó Vincent mientras abría a toda prisa el sistema de rastreo de respaldo—. Podría ser solo una pérdida de señal por haber salido del área de cobertura. Ya les ordené a los equipos de campo más cercanos que comiencen a buscar...
Antes de que Vincent pudiera terminar, el analista del centro de mando volvió a intervenir por radio.
—Confirmamos la causa de la pérdida de señal.
Vincent presionó el botón de comunicación del tablero.
—Informe ahora mismo.
—Al parecer, sabían que rastreábamos el vehículo implicado en el ataque contra Trent. Perdimos el rastro que iba hacia el suroeste, señor.
Un silencio opresivo volvió a llenar el interior del auto. Apenas unos segundos después, llegó otro informe con el mismo tono sombrío.
—Ocurrió lo mismo con la ruta que iba hacia el este, señor.
Vincent cerró despacio los ojos, intentando contener su frustración.
—¿Las dos?
—Sí, señor.
Cale no apartó la vista de la tableta. Esperó varios segundos a que reapareciera alguno de los marcadores rojos, pero la pantalla continuó vacía.
Ya no quedaban marcadores rojos que seguir. El mapa digital frente a Cale se quedó en blanco de pronto y solo mostró la red de carreteras, sin ninguna indicación. Todas las rutas que estaban rastreando desaparecieron sin dejar rastro. Por primera vez desde que comenzó la persecución masiva, se habían quedado sin rumbo.
El auto siguió avanzando a toda velocidad, pero ahora su destino no era más que una conjetura. Vincent tomó el mando y dio una nueva orden por radio:
—Todos los equipos, continúen la búsqueda. Revisen cada almacén abandonado, edificio en ruinas, zona industrial e instalación portuaria en un radio de veinte kilómetros.
—Sí, señor —respondió el operador desde el otro lado.
Menos de un minuto después de dar la orden, el celular de Cale volvió a vibrar. En la pantalla apareció un número desconocido. Vincent lo miró un instante.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...