Capítulo 421
—Señorita Eli, su desayuno está listo. —Silvia llamó suavemente a la puerta del cuarto de Eli.
En la sala, Selena ya estaba ahí, arreglándose el cabello frente al espejo.
—¿Todavía no se ha despertado? —preguntó Selena, chasqueando la lengua con impaciencia.
—Todavía no, señora. —Silvia suspiró apenas—.
Intentaré llamarla otra vez.
—No hace falta —la interrumpió Selena—. Tú sigue con tu trabajo. Mi cuarto sigue hecho un desastre. Cambia las sábanas y la cobija. Y el aromatizante del cuarto... no me gusta el olor a rosas. Cámbialo.
—Sí, señora. —Silvia solo pudo asentir obediente.
Desde que Nathan Miller la había asignado a ese departamento para atender a Selena y a su hija, Silvia se sentía incómoda. No por el trabajo en sí, sino por el carácter de la mujer a la que ahora atendía.
Selena no se parecía en nada a Riana, ni a nadie de la residencia principal de los Miller. Incluso la nuera legítima de la familia, Althea Grayson, era amable y cálida en comparación.
Althea nunca trataba mal al personal. A Silvia le parecía casi angelical; hablaba con suavidad y tenía una elegancia natural. Con razón el hijo mayor de la familia Miller la adoraba tanto. Y... Silvia no podía evitar preguntarse si Selena había tenido algo con Chase Miller.
Le parecía imposible.
Algunos miembros del personal sabían muy bien cómo eran los hermanos Miller. Chris era el más travieso y Cale el más rígido y serio, pero los tres hermanos eran muy selectivos para elegir pareja.
—En fin. Tú haz tu trabajo —murmuró Silvia para sí misma—. Ojalá Erick envíe pronto a alguien que me acompañe aquí. Te extraño, Nora.
Al pensar en Nora, a Silvia se le detuvo el corazón.
Todavía no podía creer lo repentina que había sido la muerte de su compañera. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Mejor arreglar el cuarto de Selena que soportar otra serie de quejas
desagradables.
Esa mañana, el pequeño departamento parecía más estrecho que de costumbre. No era que el espacio hubiera cambiado; el ambiente estaba tenso desde que Selena había despertado temprano. Su hija todavía no salía de su cuarto. Incluso después de que Selena terminó de arreglarse el cabello y de asegurarse de que su maquillaje estuviera impecable, Eli seguía adentro.
Quién sabe qué estaría haciendo esa muchacha.
De pie frente al espejo, Selena volvió a alisarse el cabello, como si cualquier imperfección fuera un defecto imperdonable. Hasta que se le acabó la paciencia. Caminó con paso firme hacia el cuarto de Eli, fastidiada.
—Eli —llamó sin voltear—. ¿Ya estás lista?
Eli por fin apareció, sonriendo de oreja a oreja.
Llevaba un suéter color crema, el cabello aún a medio secar. Tenía la cara.radiante con un toque de maquillaje y los ojos le brillaban, como si llevara días esperando ese momento.
—Perdón por tardar tanto en arreglarme —dijo—.
Ya estoy lista.
Selena examinó a su hija de arriba a abajo.
—Ah, hasta preparé algunas cosas —continuó Eli, alzando su pequeña bolsa—. Traje mi informe inicial de orientación de Saint Loisse. También traje algunos resultados de los exámenes de ubicación, para ver a qué grupo me van a asignar. Y, bueno...

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