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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 436

Capítulo 436

—Tu amor sigue intacto, sin importar cuánto tiempo pase, Althea —dijo Daven. Tomó la mano de su esposa y se la apretó con fuerza. Le besó brevemente el dorso de la mano, una muestra callada de su devoción—. Tu amor fue puro. Lo separaron las circunstancias, no las mentiras.

Althea contuvo el aliento. Las palabras de Daven la conmovieron. Sin embargo, no podía negar lo que sentía por Chase.

—¿Y tú?

Daven esbozó una sonrisa. Al mirarla, se le suavizó la expresión. Mentiría si dijera que no le dolía, pero esa era una decisión que había tomado con el corazón.

—Solo sigo a tu lado, intentando ser una mejor versión de mí mismo. Con eso me basta y me sobra.

Pero si dudas de mi amor, ¿no sabes ya que es todo tuyo?

A Althea le brillaron los ojos.

—No quiero que cargues esto tú solo.

—Yo no lo veo así, amor —respondió Daven—. Lo cargamos juntos. Hay respuestas que solo necesitan tiempo.

Althea asintió.

—Entonces, ¿aún no estás listo para contarme los resultados de la prueba?

—Aún no —dijo Daven, firme pero amable—. No porque quiera ocultarlos, sino porque necesito asegurarme de que el siguiente paso sea seguro para todos.

Althea aceptó la explicación sin resistirse.

—Está bien.

—Tenme un poco más de paciencia. —Daven volvió a besarle el dorso de la mano—. Por ahora, hazle caso a tu intuición.

La puerta del dormitorio se abrió. Josh apareció en pijama, con el cabello algo revuelto. La cara se le iluminó en cuanto vio a su padre.

—¡Papá! —exclamó bajito y corrió hacia él—. ¿Ya llegaste?

Daven se levantó y lo abrazó fuerte.

—Sí. ¿Te despertó nuestra conversación?

Josh negó rápido.

—Te extrañaba.

Althea sonrió y se hizo a un lado para hacerle lugar a su hijo.

—¿Tuviste una pesadilla, Josh?

—No. Y, mamá... aunque tuviera una pesadilla, no saldría de mi cuarto así —respondió Josh con una mueca. Pero al momento sonrió y miró a Daven—.

Papá, hoy conocí a Eli.

Daven se tensó por una fracción de segundo, pero luego se obligó a mantener la calma.

—¿De qué hablaron?

—Almorzamos con la abuela —dijo Josh—. Fue educada. Habló mucho de la escuela.

—¿Eli estaba con su mamá? —Daven se incorporó y le dedicó toda su atención.

—No. Estaba sola. —Josh se encogió de hombros—.

No sé...¿quizá esa mujer la dejó sola? No pregunté.

Althea volvió a sentarse.

—¿Cómo te sentiste mientras hablabas con ella?

Josh se quedó pensándolo un momento.

—Fue educada, pero también parecía ansiosa por que la aceptaran.

—¿Y?—insistió Daven.

—No —respondió Josh—. Que vaya a ver mi partido o no, no cambia nada para mí.

—Qué bien. Es una muy buena forma de verlo —dijo Althea, orgullosa, mientras le acariciaba el cabello a su hijo mayor—. Estoy segura de que, si llega a pasar, la abuela y el abuelo no te tratarán distinto. Solo tendremos que acostumbrarnos a alguien nuevo en la familia. ¿Verdad, amor? —le preguntó a Daven.

—Sí. —Daven le sonrió con ternura—. No tienes de qué preocuparte.

Josh asintió, aliviado.

—Le gustó el reloj que elegí —añadió—. La abuela se lo regaló para agradecerle, y yo ayudé a escogerlo.

—Qué lindo —dijo Althea con ternura—. Gracias por ser tan maduro.

La inquietud de Josh se fue disipando hasta darle paso a la calma. Después de todo, hablar con franqueza con sus padres no había sido una mala decisión. Aceptó el cálido abrazo de los dos.

A Josh se le escapó un bostezo.

—Quiero volverme a dormir.

Daven le revolvió el cabello.

—A dormir.

Cuando Josh volvió a su cuarto, la habitación quedó otra vez en silencio. Althea apoyó la cabeza en el hombro de Daven.

—Gracias —murmuró.

—¿Por qué?

—Por no restarle importancia a lo que creo.

Daven la rodeó con un brazo y se acomodó para que Althea pudiera recostarse más cómoda contra él.

—Lo que crees sostiene lo nuestro.

—Mmm... Si mañana vuelvo a visitar la tumba de Chase, ¿te molestaría?   

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