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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 454

Capítulo 454

Daven rio.

—Sí, comí. Cené con Arven hace un rato.

—Al menos no te saltaste la cena. —Althea rio—.

Bueno, entonces te voy preparando el baño.

—No hace falta. —Daven la detuvo—. Debes estar cansada después de encargarte de todo lo demás. Yo puedo con esto. Siéntate y espérame.

Althea lo miró, sin poder ocultar la preocupación.

—Hablo en serio. —Daven le dio un beso breve en la frente—. Disfruta tu té, mi amor. No tardo.

—Está bien —cedió Althea al fin.

Quería decirle algo más, pero Daven ya se había encaminado hacia la habitación. Se contuvo.

En los últimos días, Daven se comportaba así cada vez más seguido; estaba presente en cuerpo, pero con la mente en otra parte. Su forma de ser no había cambiado, al menos no en apariencia, pero Althea percibía el peso que lo aplastaba.

Por lo que alcanzaba a escuchar en sus conversaciones con Nathan, en las llamadas de Arven o en las charlas breves con Cale, cada vez estaba más segura de una cosa. La tormenta que se le venía encima al Grupo Callister no era una simple ráfaga pasajera.

El ruido del agua corriendo llegaba desde el baño.

Althea volvió a sentarse en el sofá. Encendió la tele y eligió un canal de telenovelas cortas para hacerse compañía mientras esperaba a Daven. De vez en cuando bebía un sorbo de té y tomaba algún bocadillo de la mesa de cristal de la sala.

El celular de Daven, olvidado sobre la mesa, empezó a vibrar. No fue una sola vez, sino muchas, como si la llamada de esa noche no pudiera esperar. El nombre de Arven destelló en la pantalla. Althea dudó, pero el celular siguió zumbando, insistente, urgente. Respiró hondo y contestó.

—¿Sí, Arven? —saludó con cautela.

—Buenas noches, señor Da... ah, ¿señora?—Hubo una pausa del otro lado—. Señora... disculpe, no esperaba que contestara usted.

—¿Cómo está? —Althea intentó sonar despreocupada, aunque no estaba acostumbrada a contestar llamadas en el celular de Daven. Aun así, le pareció que Arven traía algo entre manos.

—Eso debería preguntárselo yo a usted. Espero que se encuentre bien.

Althea rio.

—Si busca a mi esposo, se está bañando. ¿Quiere que le dé un recado?

Arven guardó silencio un momento antes de responder: —No es necesario, señora Althea. Vuelvo a llamar al señor Daven en un rato.

—¿Es algo urgente?

—N—no —respondió Arven enseguida.

Esa respuesta no hizo más que aumentar la sospecha de Althea.

—Solo quiero saber —dijo con firmeza—. ¿Qué está pasando? Me doy cuenta de que Daven está bajo mucha presión. Soy su esposa. Tengo derecho a saber qué tan grave es la situación.

Arven carraspeó, incómodo.

—El señor Daven me pidió que no hablara de

ningún detalle.

—No le estoy pidiendo detalles —dijo Althea—.

Solo quiero saber qué tan grave es la crisis en el Grupo Callister. ¿Es peligroso? ¿Para Daven?

Arven bajó la voz antes de responder: —Para serle sincero... no debería decirle esto, señora.

—Solo dígamelo. Necesito saber. —Althea suspiró hondo. Se removió inquieta en su asiento, no por la conversación, sino por la presión y por todo lo que su esposo enfrentaba allá afuera.

—Si esto no se resuelve pronto... el Grupo Callister podría quedar al borde del colapso —respondió Arven al fin, tan bajo que parecía esperar que ella no alcanzara a escucharlo.

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