Capítulo 496
El restaurante al que se dirigían no era un lugar cualquiera. Eli lo reconoció en cuanto lo vio. Era un establecimiento exclusivo que solía aparecer en las revistas de estilo de vida y que los reseñistas de gastronomía mencionaban una y otra vez como visita obligada. Aun así, solo gente de ciertos círculos podía entrar.
Un lugar donde se reunía la gente influyente y se tomaban las decisiones importantes.
El auto se detuvo en la entrada. Marcus se apresuró a abrirles la puerta a Selena y a Eli. Un instante antes de bajar, Selena se compuso con cuidado porque, tal como lo había previsto, la multitud ya estaba ahí.
Los flashes de las cámaras estallaron casi al unísono en cuanto se abrió la puerta del auto.
—¡SEÑORA SELENA!
—¿ES CIERTO QUE VA A REUNIRSE CON LA FAMILIA MILLER?
—¿ES UN GESTO DE PAZ O UNA PRESIÓN PÚBLICA?
—¿CÓMO ESTÁ ELI EN ESTE MOMENTO?
Las preguntas se encimaban una tras otra, sin dejarles espacio para respirar. Reporteros y fotógrafos se abalanzaron con los micrófonos extendidos y los lentes de las cámaras casi rozándoles la cara. La calma de unos segundos antes se volvió caos.
Selena no respondió a ninguna.
Bajó la cabeza con una solemnidad calculada, inclinando los hombros hacia Eli. Selena alzó un brazo como por instinto y le cubrió la cabeza para protegerla del destello hiriente de las cámaras, que se acercaban demasiado. El gesto parecía natural, como el de una madre protegiendo a su hija, y precisamente por eso los flashes se intensificaron.
Eli se quedó paralizada, rígida. Se aferró al brazo de Selena y de pronto le costó respirar. Oía que la llamaban por su nombre. Sentía el peso de incontables miradas que la desnudaban desde todos lados.
¿De dónde había salido toda esa gente?, se preguntó Eli. La pregunta le resonaba mientras seguía avanzando, pegada a Selena.
—¡Por favor! ¡Dennos espacio! —Marcus intentó contenerlos y gritó, presa del pánico. Se plantó delante de ellas y trató de abrirles paso, pero los reporteros eran demasiados. El grupo aminoró el paso y un empujón desde atrás terminó de desestabilizar la situación.
—¡SOLO QUEREMOS UN COMENTARIO RÁPIDO...!
—ELI, ¿QUIERES QUE LA FAMILIA MILLER TE ACEPTE?
—¿ES UNA REUNIÓN OFICIAL?
Selena seguía en silencio. Mantenía la cabeza gacha, el paso deliberadamente lento, lo suficiente para parecer frágil, pero no indecisa. Apretó el brazo de Eli, como si anunciara ante todos que la niña a su lado era lo único que importaba.
Por suerte, el personal de seguridad del restaurante reaccionó rápido. Varios hombres de traje negro salieron del interior y formaron una barrera humana. Ordenaron a los reporteros que retrocedieran y abrieron un espacio para que Selena y Eli pasaran.
—Por favor, cooperen. Esta es un área privada —
dijo uno de los guardias con firmeza.

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