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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 524

No era una pregunta. Sonaba como una sentencia. Otro funcionario añadió, alzando la voz para que los medios lo oyeran.

—¿Está dispuesto a cooperar y reconocer su falta antes de que el proceso legal siga avanzando?

Varios reporteros se aferraron a la insinuación.

—¿Entonces sí hubo una infracción? —gritó alguien.

—¿La fiscalía ya tiene pruebas sólidas en su contra, señor Callister?

El ambiente se caldeó más. Los micrófonos se acercaron. Las cámaras apuntaron directo a la cara de Daven, como si esperaran un solo gesto para usarlo como prueba de culpabilidad.

Daven exhaló despacio.

Ninguna de esas preguntas buscaba sacar la verdad a la luz. Buscaban moldear la opinión pública. Sus palabras ya llevaban un veredicto implícito, mucho antes de que siquiera comenzara el proceso legal.

Desde un costado, otro funcionario de la fiscalía volvió a hablar, esta vez con un tono más intimidante.

—El público tiene derecho a saber si usted traicionó la confianza que pusieron en usted.

Un murmullo recorrió la multitud. Traicionó su confianza. La frase cayó como un veredicto ya dictado en plena calle.

Richard se puso tenso. Dio un paso al frente para intentar contener la marea de preguntas cada vez más agresivas.

—Señor Callister —continuó el funcionario—, su silencio podría interpretarse como una admisión indirecta. ¿Tiene algo que quiera decir?

Con esa sola frase, el ambiente se desbordó.

Los reporteros volvieron a estallar, hablando unos encima de otros.

—¿No puede negar estas acusaciones?

—¿Su empresa manipuló los reportes financieros?

—¿Este es el fin del Grupo Callister?

Daven mantuvo la mirada fija al frente. Sentía un peso encima por la certeza absoluta de que aquella situación había sido orquestada. Aquello no era una sesión de aclaraciones.

Esto era un juicio público.

La presión venía de los medios, la opinión pública e incluso la actitud de algunos funcionarios de la fiscalía, que parecían tratarlo ya como acusado antes de tiempo.

Y aun así guardó silencio.

Tenía tantas cosas que decir. Apretó la mandíbula. Cerró las manos en puños a los costados y luego, despacio, volvió a relajarlas. Tomó aire hondo y se obligó a contener la ira que amenazaba con desbordarlo.

Entre los flashes implacables y las voces que se le venían encima, a Daven le quedó dolorosamente clara una cosa.

No esperaban su respuesta.

Esperaban su confesión.

—Richard —llamó Daven en voz baja, entre el rugido de los reporteros y los comentarios punzantes de los funcionarios.

—Aguante solo un poco más —respondió Richard, mirando el reloj.

Richard asintió brevemente. Se volvió hacia Daven.

—Es el momento.

Richard no le quitó la vista a Daven mientras este revisaba el contenido, rápido pero con cuidado. Arven había condensado todo en un resumen claro y preciso del caso armado en su contra.

—Muy bien —dijo Daven al fin, con una sonrisa burlona. Cerró la carpeta. Ya tenía claro todo lo que contenía.

—Estoy listo.

Richard asintió y le hizo una señal a Chris. Arven enseguida le indicó a un empleado que se preparara.

Daven alzó la mirada hacia la multitud de reporteros frente a él.

—Asegúrense de que todo quede grabado.

Richard le hizo un gesto a uno de los empleados. Se encendió una pantalla grande instalada a un costado del edificio. La conexión en vivo se activó. Cale apareció en una esquina de la pantalla, conectado desde otro lugar; supervisaba la transmisión y se aseguraba de que la señal se mantuviera estable.

Richard dio un paso al frente.

—Damas y caballeros —anunció con claridad—. Mi cliente dará ahora la declaración que estaban esperando. Todos los presentes y el público que sigue la transmisión en vivo la escucharán directamente. Luego presentaremos los hechos.

La multitud quedó en silencio.

Daven dio un paso al frente.

—Responderé a las acusaciones —dijo con firmeza—. Responderé con pruebas.

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