—Mejor quédate en tu cuarto, Eli —le advirtió Selena al pasar frente al dormitorio de su hija.
Esa mañana, Eli seguía negándose a salir. Cuando Selena le pidió que la acompañara a desayunar, la niña ni siquiera discutió; se negó en voz baja. En otras circunstancias, esa negativa la habría enfurecido. Pero Harold le había prometido que ese sería el día en que caería la familia Callister, y esa expectativa bastaba para mantener su temperamento a raya.
—Sí, mamá —respondió Eli.
Después, Selena se ocupó de sus asuntos. Desde lejos, había visto a la familia desayunar junta, sin ella. Nadie se molestó siquiera en mandar a alguien a llamarla.
—Qué descaro —masculló mientras caminaba por el corredor hacia el salón principal.
Había pensado revisar el ala derecha, donde se alojaba Althea, pero abandonó la idea al ver lo estricta que era la seguridad allí.
—Maldita sea. ¿Quién se cree que es Althea para que la cuiden así?
Cuanto más se acercaba Selena al salón principal, más evidente era que la casa estaba demasiado callada.
No era una quietud que diera paz.
Era un silencio vacío. Extraño.
Al bajar la gran escalera, aminoró el paso. No se oían conversaciones en el comedor ni en las salas cercanas. Ningún niño corría. Hasta los sirvientes, que solían ir de un lado a otro sin parar, apenas se dejaban ver.
Pero esa misma mañana, durante el desayuno, la mesa había estado llena.
Entrecerró los ojos.
Caminó hacia el comedor y se detuvo en la entrada.
La mesa estaba recogida. Las sillas estaban otra vez en su lugar. Solo el arreglo floral del centro delataba que el comedor se había usado hacía poco.
—¿Adónde se fueron todos? —murmuró.
Una sirvienta que ordenaba un rincón del comedor se volvió.
—Tú —llamó Selena.
La sirvienta se acercó con cautela.
—¿Sí, señora?
—¿Dónde están todos? Esta mañana estaban aquí.
La sirvienta vaciló antes de contestar.
—La señora Althea fue a la fiscalía. Quería ver al señor Daven.
Selena se puso alerta.
—¿A la fiscalía?
—Sí, señora.
—¿Los demás fueron con ella?
—No nos dieron más información —respondió la sirvienta—. Solo nos indicaron que preparáramos los autos esta mañana.
Selena la estudió unos segundos, por si detectaba alguna intención oculta en la respuesta.

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