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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 553

Mientras tanto, Selena salió del comedor con la espalda recta y el paso medido. Había recuperado su compostura fría de siempre, como si lo ocurrido en la mesa del desayuno no significara nada para ella.

Pero, por dentro, la furia le hervía, aguda e inquieta, ante la conducta cada vez más desafiante de Eli.

La noche anterior, cuando intentó hablar con ella, la niña le había cerrado la puerta de su habitación.

Maldita sea. Ya se lo había advertido con toda claridad. Pero por lo visto, no bastaba. Tendría que hacer algo más, algo que le recordara a Eli quién mandaba.

—Hay que ocuparse de Eli —murmuró.

Antes de alejarse del todo, Selena se detuvo junto a una sirvienta que llevaba una bandeja.

—Tú —la llamó, sin volverse del todo.

La sirvienta se acercó enseguida.

—¿Sí, señora?

—Quiero el desayuno en mi habitación —dijo Selena, en un tono seco y exigente—. Prepara un omelet de claras, pan integral tostado, ensalada de frutas sin plátano y jugo de naranja recién exprimido. Y café negro. Que llegue bien caliente. No me gusta tibio.

La sirvienta parpadeó, sorprendida.

—Pero yo estaba…

—Eres una sirvienta, ¿no? —Selena se cruzó de brazos y la miró con disgusto—. ¿Por qué cuestionas mi orden? ¿Sabes quién soy?

—S-Sí, señora. —La sirvienta trató de memorizar la lista a toda prisa, convencida de que el pedido estaba completo.

Pero Selena no había terminado.

—Y mándame yogur bajo en grasa con granola —añadió—. Que no esté muy dulce. No me gusta lo empalagoso.

—Sí, señora.

—Ahora —dijo Selena, mirándola directamente—. No me gusta esperar. Y que no falte nada. ¿Entendido?

—Sí, señora. Lo prepararemos enseguida.

—Llevo días sin poder localizarte. Detuvieron a Bret, y las noticias sobre él están por todas partes. Oscar también quedó metido en el asunto. ¿Y esperas que me quede tranquila?

Harold rio.

—¿Bret y Oscar? —dijo con desprecio—. Dos idiotas que se desmoronan apenas los presionan. Se los advertí. No son nada confiables, Selena. Así que relájate.

Selena suspiró, molesta.

—¿Cómo quieres que me relaje cuando todo lo que planeamos se nos está cayendo a pedazos y yo ni siquiera podía localizarte? ¿Cómo quieres que me quede tranquila, eh?

Se pasó una mano por el cabello, con un gesto pequeño e inquieto que delataba su frustración.

—Cálmate —dijo Harold—. Vamos a empezar de cero. Vamos a reorganizar lo que haga falta.

Selena guardó silencio un momento. La calma en la voz de Harold empezó, poco a poco, a aflojarle el nudo que la oprimía.

—Entonces… ¿esto no nos va a causar problemas? —preguntó con cautela.

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