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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 556

Harold tosió. Un hilo de sangre le bajaba de la nariz hasta el labio partido. Aun así, se le escapó una risa débil, quebrada y terca.

Cale se inclinó apenas.

—¿Sabes lo que causaste con lo que hiciste? —Su voz era baja y tensa—. Por tu culpa, mi familia pasó semanas aterrada. Los niños lo vieron todo. La casa estuvo vigilada día y noche. Arrastraron nuestro apellido por el lodo en todas partes.

Lo agarró de la pechera de la camisa arrugada y manchada de sangre, y lo jaló hacia adelante.

—¿Y todavía crees que puedes amenazar a alguien?

Harold le sostuvo la mirada sin inmutarse.

—Eres demasiado emocional —murmuró—. Esa es tu debilidad.

Cale lo soltó con un empujón brusco.

—No voy a dejar que sigas hablando así —dijo con dureza—. Y esta vez, el castigo que te espera no se acaba aquí.

Harold sonrió con sarcasmo.

—Puedes golpearme —dijo—. Puedes torturarme. Pero allá afuera mucha gente ya cree una sola cosa.

Ladeó apenas la cabeza, sin apartar la mirada de Cale.

—Que Eli es hija de Chase.

La tensión llenó el cuarto. Chris observaba de cerca a Cale, pero él no cambió de expresión.

Harold se rio otra vez. Quería quebrar la calma de Cale. Tenía la voz débil, pero las palabras le salieron claras.

—La opinión pública no es algo que puedas revertir, Cale. Cuando la gente cree algo, es casi imposible cambiarlo.

El silencio duró unos segundos. Entonces Cale se enderezó.

—No me importa lo que la gente crea hoy —dijo.

Extendió la mano. Uno de los guardias se acercó y le entregó una botella de agua y un paño grueso para que se limpiara la sangre de la mano.

—Lo importante —continuó Cale con calma— es lo que sabrán antes de que termine el día.

Se volvió hacia uno de los guardias.

—Asegúrate de que siga vivo. Pero que no esté cómodo. Y prepara lo que pedí.

—Sí, señor.

Sin dirigirle otra mirada a Harold, Cale dio media vuelta y salió. Chris lo siguió. El golpe de la pesada puerta de hierro sonó sordo y definitivo tras ellos.

Una vez en el corredor, Cale sacó el celular. Marcó un número. Le contestaron al segundo timbre.

—¿Sí? —La voz de Daven sonó al otro lado.

—Acabo de terminar el desayuno —dijo Cale, seco—. Y necesito que te mantengas concentrado en el Grupo Callister.

Daven hizo una pausa.

—¿No quieres que vaya?

Hubo una breve pausa al otro lado.

—En ese caso —dijo Daven al fin—, yo me encargo de todo el caos en la empresa.

—Hazlo —respondió Cale—. Cuanto más rápido se estabilice Callister, más fuerte será nuestra posición. Le pedí a papá que ayude con algunas gestiones de imagen pública. Seguro que ya hizo algo por ti.

—Les debo más de lo que puedo decir.

Cale chasqueó la lengua, algo fastidiado.

—Con una gran boda con Lydia me doy por bien servido, gran jefe.

Daven rio, pero el humor se le fue enseguida y su voz volvió a ponerse seria.

—Terminemos esto sin dejar nada pendiente. No quiero volver a lidiar con ellos nunca.

Cale colgó. Miró el celular un momento antes de guardarlo otra vez en el bolsillo. Detrás de él, Chris estaba con los brazos cruzados.

—Parece que todo va según el plan.

Cale lo miró de reojo.

—Todavía no —dijo en voz baja—. Esto apenas comienza.

Avanzó hacia la salida.

—En unas horas —añadió—, van a ver quién manda aquí.

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