—¡Maldición! —masculló Selena, sin molestarse ya en disimular su expresión.
Salió del jardín a paso rápido; los tacones golpeaban el sendero de piedra como una tormenta. La sonrisa que había forzado frente a Althea y las demás se le borró. Se le tensó la cara, apretó la mandíbula y empezó a respirar más fuerte de lo normal.
En cuanto entró a la casa, no miró ni a izquierda ni a derecha. Los sirvientes con los que se cruzaba bajaban la cabeza y se hacían a un lado sin que nadie se lo dijera. La furia que irradiaba era inconfundible, y ninguno quería arriesgarse a provocarla. Era mejor no meterse con alguien como Selena.
Al llegar al piso de arriba, fue a la habitación de Eli. Empujó la puerta sin tocar. Vacía.
La cama estaba tendida con esmero. La mochila de la escuela no estaba por ningún lado. El escritorio seguía ordenado, con los libros apilados y cerrados. Selena se quedó unos segundos en el umbral antes de darse cuenta.
—Maldición. Hoy tiene clases.
Suspiró con fastidio.
—Ni siquiera está aquí para que la regañe —murmuró.
Cerró la puerta y caminó hacia su habitación. Una vez dentro, echó el cerrojo y se recargó un momento contra la puerta. Respiraba agitada mientras intentaba calmarse tras el encuentro con Althea, Felicia y Lydia.
—Vas a ver —susurró—. Esto no se va a quedar así por mucho tiempo.
Fue hasta el gran espejo y se miró. Su expresión seguía tensa. Abrió el cajón del tocador y empezó a arreglarse.
Hoy no era día para verse débil. Hoy se reuniría con Harold, y ese hombre siempre tenía un plan.
Selena eligió un vestido amarillo brillante, de corte sencillo pero elegante. El color le iluminaba el cutis y la hacía ver más segura. Después de cambiarse, volvió a sentarse ante el tocador y empezó a maquillarse.
Un look natural, con una base ligera, un poco de rubor y un labial de tono cálido que no resaltara demasiado. Quería verse tranquila y refinada, sin perder un toque de dramatismo.
Parecía una mujer que lo tenía todo bajo control. Cuando terminó, se puso de pie y volvió a estudiarse en el espejo. Sonrió apenas.
—Pronto —murmuró—. Serán ustedes los que rueguen por un lugar a mi lado. Pero ¿creen que los voy a dejar? Por supuesto que no.
Tomó el bolso y salió de la habitación con paso firme. Abajo, se acercó a una sirvienta que ordenaba la sala.
—Prepara el auto —dijo con tono cortante—. Voy de salida.
La sirvienta titubeó.
—Lo siento, señora… Todos los autos están ocupados en este momento.
Selena endureció el gesto.
—¿Cómo que todos están ocupados?
—Algunos están asignados a la agenda del señor Nathan y del señor Daven. Los demás se usan para entregas de documentos y traslado del personal. No hay ningún chofer disponible.
Selena se puso seria.
—Entonces manda llamarle a alguno.
La sirvienta tragó saliva.
—Para ese tipo de cambios, la solicitud normalmente tiene que pasar por la señora Althea.
El taxi por fin se detuvo frente a un restaurante italiano en el centro de la ciudad.
El edificio era elegante, con una fachada de piedra color crema y ventanas altas. El logotipo del restaurante era sencillo pero refinado. En cuanto Selena bajó, un valet se acercó y un empleado le abrió la puerta principal con cortesía impecable.
Apenas entró, la recibió un ambiente apacible. Había luz cálida y suave, música clásica de fondo y suelos de mármol. En el aire se mezclaban el café y el pan recién horneado. El restaurante no estaba lleno. Las mesas estaban bien separadas, lo que daba privacidad a cada comensal.
—Buenas tardes, señora. ¿Tiene reservación? —preguntó una recepcionista con cortesía.
—Sí. A nombre de Harold —respondió Selena, serena.
La empleada revisó la lista un momento y luego asintió.
—Sígame, por favor.
Selena caminó detrás de ella y atravesó el comedor principal hacia una sección más tranquila al fondo. La empleada la condujo a una mesa en el rincón, apartada de las miradas, junto a una ventana grande.
—Espere aquí, por favor. Su invitado debe estar por llegar.
Selena se sentó con elegancia, dejó el bolso junto a la silla y alisó los pliegues del vestido. Volvió a recorrer el lugar con la mirada.
Era privado, tranquilo y exclusivo, el sitio perfecto para hablar de algo importante.
Un mesero se acercó a ofrecerle algo de beber, pero Selena solo pidió agua mineral. No quería que se le notara la ansiedad. Aun así, cada vez estaba más expectante. Esta vez estaba segura de que tendría la ventaja.
Entonces… la puerta del restaurante volvió a abrirse.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...