Capítulo 59
El auto avanzaba a un ritmo constante. Ambos se quedaron en silencio. Solo el zumbido tenue del motor y una suave música de fondo llenaban el espacio, pero no era suficiente para disipar la tensión.
-Pensé que... solo necesitabas tiempo -dijo Daven en voz baja, con la mirada fija en las luces de la ciudad afuera.
-¿Qué se supone que significa eso? -preguntó Vanessa con recelo.
-Me refiero a que, al principio, imaginé que solo estabas retrasando las cosas para que pudiéramos disfrutar un poco de nuestro matrimonio; un año, tal vez dos. Pero han pasado cinco años, Vanessa - se giró para mirarla-. ¿Tienes planeado dejar los anticonceptivos pronto?
Vanessa lo fulminó con la mirada.
-No.
-Déjame adivinar. Sigue siendo por tus contratos, ¿no? -Daven sacudió la cabeza, como si no lograra entender su lógica.
-No voy a seguir discutiendo esto -sentenció Vanessa-. Teníamos un acuerdo. Deberías respetar mi decisión.
El auto giró hacia el exclusivo distrito residencial en el corazón de Aethelis y entró en el camino privado de uno de los edificios de apartamentos más lujosos de la ciudad. Un mes después de su boda, hace ya siete años, Vanessa y Daven se habían mudado a una de las mejores propiedades de él. 1 Catherine Callister no se había opuesto; de hecho, lo apoyó. Decía que eso les daría más tiempo juntos, una oportunidad para recuperar los años que Daven había perdido antes en un matrimonio sin amor.
Cuando el auto se detuvo frente al vestíbulo, Vanessa abrió la puerta. Pero antes de salir, le lanzó a Daven una mirada amenazante.
-¿No vas a subir?
Daven giró la cabeza con lentitud.
-No. Iré a casa de mi madre.
Vanessa se quedó congelada, con la mano todavía en la puerta del auto. Su expresión flaqueó y luego se volvió tormentosa.
-¿Cuánto tiempo?
-Ha pasado tiempo desde la última vez que los visité -murmuró Daven, acomodándose en su asiento y reclinándose por un momento-. Además, necesito calmar el temperamento de mamá...
especialmente con todo ese asunto del embarazo.
-¡Haz lo que quieras, Daven! -estalló Vanessa, cerrando la puerta del auto con un fuerte golpе.
Se alejó furiosa, con el taconeo de sus zapatos resonando con fuerza contra el pavimento. Pero él ni se inmutó. Ni siquiera la miró.
-Llévame a la casa principal -le indicó al chofer.
-Sí, señor Callister.
-Como desee.
Para cuando el auto se detuvo frente a la propiedad de los Callister, una casa magnífica decorada con elegancia clásica, Daven todavía sentía el mismo peso vacío en su interior. Un dolor silencioso que había estado enterrado durante años comenzaba a surgir de nuevo.
Aquella parte de él que anhelaba algo sencillo. Algo real.
Llegar a casa. Ser recibido por la cálida sonrisa de una esposa que lo estuviera esperando. Escuchar las risas de un niño corriendo por los pasillos. Ese tipo de vida... tal vez habría aliviado el cansancio que últimamente parecía no abandonarlo nunca.
Pero nada de eso existía en su mundo.
-¿Daven? -se escuchó la voz sorprendida de su madre mientras abría la puerta y divisaba a su hijo parado en el porche tan tarde por la noche.
-Siento molestarte, mamá -dijo él, sonriendo.
-¿Estás solo? -Catherine Callister miró detrás de él, arqueando las cejas con curiosidad-.¿Dónde está tu esposa?
Pero cuando sus ojos se posaron en su expresión de cansancio, la respuesta resultó obvia:
-Ay, cielo... ¿sigue en sus filmaciones y sesiones de fotos?

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