—Vendré a recogerte en cuanto termine —dijo Cale. Se desabrochó el cinturón y se dispuso a abrirle la puerta a Lydia. Andrew los seguía de cerca en otro auto, atento a todo.
Ese día, Andrew debía acompañar otra vez a Lydia por Berlín. En apenas dos días, la luna de miel llegaría a su fin y Lydia había dejado claro que pensaba aprovechar al máximo cada momento que les quedara allí.
Cale se sentía culpable, pero Lydia, como siempre, lo tranquilizaba sin dudarlo. Le dijo más de una vez que no le molestaban sus compromisos de trabajo. Si le molestaran, ya se habría quejado hace mucho.
—Te espero —respondió Lydia con una sonrisa mientras tomaba la mano de Cale.
—Diviértete —murmuró Cale y le dio un beso en la frente, sin importarle las miradas curiosas de los transeúntes. Luego se volvió hacia Andrew y endureció el tono—. No te separes de ella adonde vaya. Y avísame si pasa cualquier cosa.
—Sí, señor.
Cale permaneció en el vestíbulo, siguiendo con la mirada a Lydia y Andrew hasta que los perdió de vista dentro de uno de los centros comerciales más conocidos de Berlín. Solo entonces se dio la vuelta.
No volvió al hotel de inmediato. En cambio, el auto lo llevó a un imponente edificio de oficinas de cristal oscuro que reflejaba la última luz de la tarde en Berlín.
A simple vista, parecía una oficina cualquiera. Limpia, sobria y sin nada memorable. Y quizá por eso la eligieron. Discreta. Fácil de olvidar. Perfecta para una reunión como esa. Casi reconoció el mérito de Vincent por escoger un sitio tan adecuado.
Cale entró sin dudarlo. Vincent ya lo esperaba en una sala privada del piso de arriba, sentado con una tableta en la mano. En cuanto Cale entró, se puso de pie.
—Llegó antes de lo que esperaba, señor.
Cale se quitó el abrigo, lo lanzó sobre el respaldo de una silla y se sentó.
—No me gusta perder el tiempo. Y tenemos bastante de qué hablar.
Vincent asintió y fue al grano.
—Ya reuní la información que me pidió.
Cale se reclinó un poco, sin apartar la mirada.
—Empieza por el hallazgo más importante.
Vincent respiró hondo y abrió varios archivos en su tableta.
—El señor Brandon Oswell. No fue fácil encontrar datos confiables sobre él, sobre todo después de que usted mencionó que podría tener vínculos con la familia Falcon.
Cale no respondió, pero prestó más atención.
—No es el empresario intachable que aparenta ser —continuó Vincent—. Tal como usted sospechaba, es medio hermano de don Falcon. Distintas madres, el mismo padre, Juan Falcon.
Se quedaron en silencio por un momento. Cale sonrió apenas.
—Ese parentesco cambia las cosas.


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