—¿Por qué elegiste un vuelo tan temprano? —preguntó Lydia, confundida.
El hombre al que se dirigía solo rio con ironía.
—¿Por qué no le preguntas a tu esposo, señora Miller?
Cale, que parecía concentrado en su celular, alzó una ceja y respondió:
—Porque todavía no termino de castigarte.
Lydia sacudió la cabeza, resignada.
—¿Cuánto más va a durar este pleito entre ustedes dos?
—Hasta que él entienda...
—Solo espera a que papá se entere de que vine a Portclair nada más para que Cale me torturara. —Chris chasqueó la lengua con fastidio.
—Papá no te va a creer —respondió Cale mientras se encogía de hombros.
A pesar de las constantes discusiones, esa mañana la mansión Miller estaba mucho más animada que en los días anteriores. La luz del sol entraba por los grandes ventanales de la sala de estar e iluminaba el piso reluciente. El aroma a café recién hecho aún impregnaba el ambiente y se mezclaba con el del pan tostado que llegaba desde la cocina.
—Bueno, será mejor que me vaya —refunfuñó Chris con tono seco.
Cale prefirió no hacerle caso. Poco después, Chris estaba frente a la puerta principal con una maleta mediana a su lado.
—Ya llevo todos los documentos —dijo mientras revisaba el contenido de su maletín por última vez.
Vincent asintió.
—El auto está listo, señor Chris.
—Bien.
A poca distancia, Cale le entregó una carpeta delgada.
—En cuanto llegues a Solaviz, reúnete con el equipo legal del Grupo TnC. El borrador del acuerdo comercial que terminaste anoche tiene que firmarse de inmediato.
Chris tomó la carpeta con un suspiro.
—Acabo de cumplir tu castigo y ya me vuelves a poner a trabajar.
—Sigues vivo. Eso significa que mi castigo fue demasiado suave.
Chris solo pudo sacudir la cabeza con resignación. Lydia, de pie junto a su esposo, rio.
—No te olvides de comer a tus horas. Siempre te saltas las comidas cuando estás trabajando.
—Ya lo sé.
—Y no tomes tanto café.
—Ya empiezas a sonar como Cale. —Chris chasqueó la lengua con fastidio.
La conversación distendida también les sacó una sonrisa a varios de los empleados. En los últimos días, la presencia de Chris había llenado de vida aquella mansión, por lo general tan tranquila.
Pero todavía faltaba una persona por aparecer. Chris miró hacia las escaleras.
—¿Naomi todavía no se despierta?
—Sí —respondió Lydia—. Seguro que todavía se está arreglando.
En realidad, Lydia sabía que Naomi llevaba casi una hora despierta. La joven se había quedado demasiado tiempo frente al espejo, inhalando hondo y exhalando despacio una y otra vez, sin razón aparente.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...