Liam no apartó la mirada de la espalda de Sofía mientras ella era llevada por Santiago. Aunque parecía algo confundida, en el fondo no se resistió a la determinación de Santiago.
Liam apretó los dedos, luchando contra el deseo de salir tras ellos.
Al ver a los invitados con expresión desconcertada, volvió a ponerse la máscara de anfitrión impecable y, con una sonrisa educada, aunque distante, tomó la palabra:
—Sofía es, sin lugar a dudas, Selina. Esta gala benéfica se organizó precisamente para aclarar los rumores sobre su identidad. Tanto CANDIL como yo, personalmente, respaldamos esto.
Sin Sofía presente, la calidez en el rostro de Liam desapareció casi por completo. Aunque mantenía la sonrisa, su actitud imponente se hacía evidente.
Sus palabras congelaron el ambiente que apenas empezaba a relajarse. Todas las miradas se dirigieron a Liam, sorprendidas y mudas ante lo que acababa de declarar.
¿El director ejecutivo de CANDIL organizando un evento solo para limpiar el nombre de Sofía? La idea era tan chocante que muchos no supieron ni cómo reaccionar.
Liam, sintiendo la presión de las miradas, decidió imitar a Santiago y delegar el resto de la organización en su asistente.
Apenas desapareció su figura tras la esquina, un murmullo se desató en el salón.
—¿No que Sofía y el presidente Cárdenas ya no tenían nada? ¿Por qué ahora él pide reabrir el caso de hace un año? Si hasta donde recuerdo, fue él quien se encargó de que Sofía acabara en la cárcel —comentó alguien en voz baja.
Las suposiciones sobre la relación actual entre Sofía y Santiago se convirtieron en el tema principal de las conversaciones.
Los presentes miraban a su alrededor con cautela antes de murmurar, bajando la voz para evitar problemas. Nadie quería correr la suerte de la hija de la familia Laínez, a quien la familia ya había sacado en silencio, pero con una firmeza imposible de ignorar.
Aunque trataron de hacerlo pasar desapercibido, el ceño de los hombres de la familia Laínez no pasó inadvertido para los asistentes más atentos.
Ese movimiento fue una advertencia para todos: hablar mal de Sofía podía costarles caro.
El ambiente se tensó, y varios optaron por cambiar de tema, fijándose en Isidora.
—¿No que el presidente Cárdenas adoraba a Isidora y pensaba ponerla en el lugar de Sofía? ¿Entonces qué pasó hoy? Hasta cuando Isidora se desmayó, ni la miró.
Las miradas cargadas de significado entre los que comentaban dejaban claro que todos pensaban lo mismo, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.
La gala llegó a su fin, y la parte de las donaciones fue puro trámite.
...
Mientras tanto, el carro de Santiago y Sofía se detuvo frente a Villas del Monte Verde.
Sofía, para sorpresa de ambos, no explotó por el gesto autoritario de Santiago. Sus ojos, sin embargo, reflejaban emociones intensas y contradictorias que ella misma no lograba descifrar.
Entraron juntos a la casa. Santiago dejó el saco sobre el respaldo del sillón, aflojó el moño y se quedó allí, con ese porte imponente y un aire de fastidio elegante.
Sofía no se apresuró a irse a su cuarto. En vez de eso, se quedó parada frente a él, frunciendo el ceño, analizándolo como si de pronto fuera un completo extraño.


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