Sofía se acomodó el cabello con calma.
Antonio la miró con resignación y murmuró:
—Estamos justo en la zona de llegadas del aeropuerto...
Liam se acercó y ayudó a Antonio a cargar algunas de las cajas sorpresa que tenían en las manos.
Antonio, por reflejo, intentó pasarle un par a Sofía, pero en cuanto Liam le lanzó una mirada cortante, tuvo que recular y seguir cargando todo él mismo, obediente como nunca.
La interacción entre los tres no pasó desapercibida para Isidora y Yolanda, que cruzaron miradas en silencio, sorprendidas.
¿Antonio conoce a Sofía?
Yolanda sentía que el mundo se había vuelto un lugar extraño e inexplicable.
Por más vueltas que le daba, no podía entender cómo ese hombre, tan indiferente y seco con ella cuando intentó platicar en primera clase, podía mostrarse tan cálido y cercano con Sofía.
El contraste la llenó de rabia e impotencia. Cualquier persona en su lugar se hubiera sentido igual de incómoda.
Isidora apretó los puños junto a sus piernas.
¿Cómo era posible que Sofía conociera a esa gente? ¿Cuándo había logrado relacionarse con tantos personajes de alto nivel?
No tenía sentido.
Sofía siempre había sido una chica de cabeza dura, obsesionada solo con los expedientes y la ley. Después de pasar un año tras las rejas, ¿cómo iba a tener un círculo social tan amplio? Definitivamente, alguien la estaba ayudando.
La mirada de Isidora se posó, inevitablemente, en Liam.
Era un hombre mayor, aunque eso no le quitaba ni un ápice de elegancia ni de presencia. Se notaba seguro de sí mismo, con una serenidad que inspiraba confianza.
Liam era el presidente ejecutivo de CANDIL para Sudamérica y Antonio, el famoso diseñador de la misma firma. Que se conocieran, tenía todo el sentido del mundo.
Isidora se esforzó en convencerse de que no había nada extraordinario detrás de todo eso.
Aunque Sofía ya había dejado claro que su verdadero nombre era Selina, Isidora seguía negándose a aceptar esa verdad en el fondo. ¿Y quién era Selina? La joven promesa del diseño de CANDIL. Así que, si conocía a Antonio, no era nada raro.
Cuando al fin Sofía y los demás parecían listos para marcharse, no faltó quien les cortara el paso.
Isidora, con los labios mordidos y los ojos húmedos, se paró justo enfrente. Tenía una expresión tan lastimera que Sofía supo de inmediato que venía drama.
—Señorita, todavía no te divorcias de Santi. ¿Cómo puedes andar tan campante encontrándote con hombres desconocidos?
La voz de Isidora, cargada de una supuesta decepción, resonó en el área de espera. Tan aguda que atrajo la atención de los familiares y curiosos alrededor.
Sofía arqueó una ceja. Ya veía venir el show.
—¿Será que la señorita anda escondiéndose y la hermana menor la cachó en plena movida?
—¡No puede ser! ¿En serio? Oye, pero esos tipos... ¿no se ven conocidos?
—Oye, ¿estás jugando a ser el chico guapo de la historia? —bromeó Antonio, bajando la voz para molestar a Liam.
Liam solo sonrió, pero Antonio sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
De inmediato, escuchó la voz baja y seria de Liam:
—Dicen que en África acaban de encontrar una mina impresionante. ¿No que te encanta el diseño de joyas?
Antonio casi quiso llorar. Liam lo tenía completamente bajo control.
—¡Qué lengua afilada tienes!
Yolanda, viendo la cara de Isidora pasar de pálida a morada, quiso saltar a defenderla. Pero antes de que pudiera decir algo, Isidora le jaló discretamente la manga.
Yolanda se giró, molesta:
—Isi, es que eres demasiado buena...
Pero las palabras se le atoraron en la garganta. De pronto, sintió un frío recorrerle el cuerpo y la atmósfera se volvió tensa.
Retrocedió un paso, encogida, cuando una silueta alta de traje negro se acercó como una tormenta a punto de estallar. El sonido de unos zapatos de piel carísimos retumbó en el suelo.
La voz profunda de Santi se hizo escuchar desde la sombra:
—¿Diez chicos guapos?

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