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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 352

—Bea, mamá jamás va a dejar que pases por eso otra vez.

Sofía la arrulló con ternura y acarició su espalda hasta que Bea se quedó dormida. Afuera todo el alboroto fue apagándose poco a poco, hasta que la noche se volvió un silencio profundo.

Ya en la quietud, Sofía Rojas no lograba conciliar el sueño.

En su mente volvían los recuerdos de lo sucedido en el hospital esa mañana. Sabía que no se había contenido del todo, pero tampoco se había pasado de la raya: solo quería que Isidora sufriera, pero no que muriera. Dejarla ir tan fácil sería un desperdicio, aún había cuentas pendientes entre ellas. Sin embargo, Isidora Rojas había salido con la historia de que la habían dejado al borde de la muerte, tan grave que necesitaba una transfusión para sobrevivir.

La duda se instaló en su cabeza, inquieta. Se dio vueltas en la cama, hasta que decidió levantarse y encender la luz.

Lo que más la hacía sospechar era la supuesta coincidencia con el tema de la sangre. Isidora ni siquiera era hija biológica de los Rojas, solo una adoptada. Había escuchado a una enfermera decir que Isidora tenía sangre tipo AB. No era tan común, pero tampoco algo imposible de encontrar. Lo raro era que, según decían, la mayoría de las personas con ese tipo de sangre tenían problemas de rechazo, pero Oliver Rojas había asegurado que con él no habría ningún problema.

Por donde lo mirara, todo le olía raro.

Sofía arrugó la frente. Algo importante le rondaba por la mente, pero no lograba capturarlo.

Suspiró y decidió enfocarse en el plan del día siguiente.

Justo cuando iba a apagar el celular, apareció de pronto una ventana de chat. Ni siquiera necesitaba ver el nombre, el estilo era inconfundible: Alfonso Castillo.

[Sofi, ¡Isidora ya salió del hospital!]

Alfonso parecía ansioso por compartir la noticia.

Sofía se quedó de piedra al leerlo.

¿Salió? ¿No que estaba grave, casi muriéndose, y ahora ya la daban de alta? ¿La medicina en Olivetto había avanzado tanto?

No respondió de inmediato, pero los mensajes de Alfonso seguían llegando, uno tras otro, como si no pudiera contenerse.

[Mandé a alguien a investigar en el hospital. Resulta que Isidora solo tenía su periodo, ni siquiera la operaron. Los Rojas salieron corriendo del hospital con la cola entre las patas.]

Sofía, al leer eso, sintió incluso un poco de vergüenza ajena por ellos.

Pero al mismo tiempo, esto encajaba perfecto con sus planes. Si Isidora de verdad estuviera grave, sería difícil que la dejaran entrar a la casa de los Rojas a buscar las cosas de su abuela.

[Gracias.]

Respondió corto, ya lista para dormir.

Pero Alfonso no quedó contento.

[¿Gracias? Sofi, en la tarde me llamabas Alfonso y ahora te pones tan formal conmigo, ¿eh?]

Claramente buscaba picarla un poco, y sin aguantar más, le marcó de inmediato.

Sofía miró de reojo a Bea, dormida profundamente, y salió al pasillo antes de contestar la llamada.

—¿Tan tarde y me llamas? ¿Y si despiertas a Bea?

Soltó la frase con un aire fingido de molestia.

Del otro lado, Alfonso perdió toda la seguridad de antes.

—¿Eh? —musitó, bajando la voz.

Al día siguiente, apenas Sofía abrió la puerta, se encontró a Teresa Bernal esperándola, equipada de pies a cabeza como si fuera a la guerra.

—¿Y tú, Teresa? —preguntó, sin poder evitar una carcajada—. ¿Qué con todo ese equipo?

—Vamos a casa de los Rojas, ¿no? Uno nunca sabe, hay que estar preparada.

Se tocó el casco que llevaba puesto, tan resistente que hasta reflejaba la luz de la mañana.

Sofía no pudo evitar reírse por lo ridículo de la escena y le ayudó a quitarse el equipo uno a uno.

Ante la mirada confundida de Teresa, Sofía le explicó:

—Vamos a ir a buscar lo que es nuestro, sin escondernos. No somos ladronas, ¿o sí?

Teresa frunció la cara, molesta.

—Pues si tu familia no fuera tan de cuidado, no tendría que andarme con precauciones —reviró.

Sofía le dio la razón con la cabeza, aunque siguió quitándole el equipo.

Por muy groseros que fueran los Rojas, seguían siendo una familia de renombre. Lo de Teresa era exageración, pero se lo agradecía en el fondo.

—Oye, ¿pero no que Isidora estaba al borde de la muerte? ¿Todavía andan en la casa los Rojas?

Sofía le contó lo que había averiguado la noche anterior, y Teresa se rio tanto que casi se dobla de la risa.

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