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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 383

En el instante en que Sofía vio a Oliver, toda la tensión que había sentido se disipó. Sus movimientos se volvieron tranquilos, casi como si flotara mientras descendía por las escaleras.

Con paso sereno, bajó al vestíbulo.

—Esa puerta cuesta cien mil pesos. Si la dañan o la rayan, la van a pagar al precio original.

Alzó la mirada apenas, con esa indiferencia que podía congelar la sangre de cualquiera.

Tal como esperaba, en cuanto terminó de hablar, Oliver detuvo su berrinche, resignado.

Entonces, sin disimular su rabia, la fulminó con la mirada.

—¿Qué es lo que quieres, Sofía? ¿De verdad no vas a estar tranquila hasta que arruines por completo a la familia Rojas?

El coraje le brotaba por los poros. Apenas había regresado de ver a Leonor, se sentó en la oficina y recibió la peor noticia de su vida: las acciones de Sofía, que hasta ayer apenas llegaban al cinco por ciento, se dispararon de golpe hasta el cuarenta por ciento. Él, que era el mayor accionista y presidente del Grupo Rojas, apenas conservaba el cuarenta y dos por ciento.

Oliver temblaba, no sabía si de miedo o de ira.

Sin perder tiempo, marcó a Ivana. Al mismo tiempo, recibió otra noticia: Sofía había comprado un edificio en pleno centro.

Ambas cosas solo podían significar una cosa: Sofía quería hundir el Grupo Rojas y empezar de cero.

La desesperación y el enojo lo sacudieron como una tormenta. En cuanto pudo, se fue directo al nuevo edificio de Sofía.

En cuanto entró, la prensa se le fue encima a Sofía:

[—Señorita Rojas, nos enteramos de que está comprando acciones del Grupo Rojas. Siendo la única hija de la familia, ¿por qué quiere crear su propia empresa? ¿Acaso teme que, por el cariño de sus papás, Isidora herede el Grupo y usted se quede sin nada?]

[—Señorita Rojas, ¿quiere decir algo sobre los rumores que circulan en redes? Dicen que desde niña mentía y difamaba a sus padres, que tenía muy malas costumbres. ¿Qué responde a eso?]

[—Señorita Rojas, ¿puede decirnos quién es el padre de su hija? Se dice que ya se divorció del presidente Cárdenas, ¿acaso apareció el verdadero papá de la niña?]

...

Los micrófonos se amontonaron frente a ella, amenazando con ahogarla.

Fue entonces cuando Sofía se dio cuenta de que Oliver no solo había ido ahí para hacerle un escándalo; también había llevado a toda la prensa famosa de Olivetto.

El barullo casi le reventaba los oídos, pero Sofía seguía impasible. Solo cuando sacaron a relucir a su hija, sus ojos se afilaron como cuchillas recién sacadas de la funda.

—Al que se atreva a meter a mi hija en esto, lo voy a demandar por difamación y calumnias. No lo voy a dejar pasar.

Sofía recorrió con la mirada, dura y sin pestañear, a los reporteros que sostenían los micrófonos.

Su voz, aunque tranquila, cortaba como machete en la maleza.

Apenas terminó de hablar, un silencio pesado se apoderó del lugar.

El periodista que había hecho la pregunta se quedó petrificado, micrófono en mano.

—Lárgate de aquí —ordenó Sofía, sin perder la calma.

En cuanto lo dijo, Alfonso se acercó y, con una sola mano, tomó al reportero del cuello de la camisa y lo lanzó fuera por la puerta.

El movimiento fue tan rápido, tan preciso, que en la sala solo se escuchó el eco del golpe del periodista cayendo afuera.

Sofía permanecía en el centro del vestíbulo, enfundada en un vestido blanco que resaltaba su figura. Transmitía una fuerza y una dignidad que no necesitaban palabras.

Sus palabras pesaron como piedras.

Isidora palideció de inmediato, incapaz de ocultar su incomodidad.

Sofía sabía que Leonor seguía viva y que Isidora lo tenía claro desde hacía tiempo.

Discretamente, Sofía siguió atenta a Oliver, quien apretaba los puños y la miraba con odio, pero ni siquiera se atrevía a replicar. Esa sensación la llenaba de una satisfacción difícil de ocultar.

—Eso, Sofi tiene razón. Una hija fuera del matrimonio como tú, ¿con qué derecho te pones a hablar? —aventó Alfonso, recargado en el marco de la puerta, lanzando una mirada de desprecio a Isidora.

A Isidora nunca le habían hecho pasar tanta vergüenza. La cara se le puso roja de pura impotencia.

—¡Isidora no es hija fuera del matrimonio! Es la hija adoptiva de la familia Rojas. Pero para nosotros, Isidora siempre ha sido como una hija de sangre.

Ivana alzó la voz, saliendo de entre la multitud y señalando directamente a Sofía.

—Sofía, comparada con Isidora, la única extraña aquí eres tú. Tú eres la que la familia Rojas decidió dejar afuera.

Nadie se esperaba que Ivana, su propia madre, dijera algo así.

Sofía no dejó que su rostro delatara nada, pero apretó los dedos con fuerza, donde nadie podía verlo.

Alfonso, atento, percibió el leve temblor en su mano.

Sin decir palabra, la tomó entre las suyas, envolviéndola con calidez.

Sofía levantó la vista, sorprendida. Alfonso la miraba con una mezcla de ironía y seriedad, como diciéndole: ¿Por tan poco ya te vas a doblar? Y también, como si le asegurara: Aquí estoy, no estás sola.

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