Oliver soltó un resoplido de desdén.
Después de tantos años en el negocio, su manera de manejar las cosas era mucho más prudente que la de Isidora.
Solo entonces Isidora levantó la mirada, y al ver la expresión segura de Oliver, dejó escapar un suspiro de alivio.
Aunque no terminó de relajarse por completo, sí sonrió y, en un gesto cariñoso, se aferró al brazo de Oliver.
—Papá, yo sabía que contigo nada se sale de control.
Los halagos de Isidora le agradaban a Oliver.
Aun así, en ese momento no pudo evitar recordar cómo, hacía poco, había planeado dejar atrás a Isidora para irse al extranjero con Leonor y los demás. Mirando ahora a su hija, una incomodidad le recorría el pecho.
Llevó una mano a los labios y fingió toser.
—Ya, con todo este lío, seguro Sofía y los suyos están hechos un desastre. Mejor vamos al departamento a ver cómo están tu mamá y tu hermano.
De manera casi imperceptible, Oliver retiró su brazo del abrazo de Isidora.
Pero ella, ajena al cambio de ánimo de su padre, lo siguió contenta, con pasos mucho más ligeros.
Subieron uno tras otro al carro.
—Gaspar, al departamento.
Oliver le dio la instrucción al chofer privado, quien entendió al instante.
Giró el volante y se dirigió al edificio donde antes vivía Isidora.
A mitad de camino, un timbre agudo cortó el silencio dentro del carro.
Oliver miró de reojo la pantalla: era una llamada de Leonor.
—¿Qué pasa? Isi y yo justo vamos para allá.
Oliver bajó el tono de voz, buscando sonar más cálido, pero al otro lado de la línea no hubo respuesta inmediata. Solo se alcanzaban a escuchar murmullos, pasos, el ruido de fondo de gente conversando.
Una sensación de inquietud le recorrió el pecho. En ese momento, la voz de Leonor estalló con fuerza:
—¡Oliver! ¡Estoy embarazada!
—¿Qué…?
Por primera vez en mucho tiempo, Oliver perdió la compostura. Se aferró con fuerza al celular.
—Leonor, ¿estás segura?
La voz de Leonor, entre nerviosa y emocionada, se mezcló con el bullicio del lugar.
—Hace unos días debí haber tenido mi periodo, pero nada. Por eso vine al hospital a hacerme la prueba… Y sí, salió positivo.
Oliver bajó el celular, sintiéndose abrumado por una mezcla de emociones imposibles de nombrar.
¿Justo ahora, en medio de este lío, Leonor salía embarazada?
—Entonces, ¿ahorita estás en el hospital?
Logró recuperar la calma.
Leonor apenas alcanzó a decir “sí” cuando la voz de Oliver volvió, esta vez mucho más firme y apremiante:
Los dedos de Esther golpeaban el teclado, ampliando y reduciendo la imagen en la pantalla.
—Aquí hay señales de que manipularon la imagen.
Soltó el mouse y dejó ver una sonrisa ladeada.
Sofía entrecerró los ojos.
Tal como sospechaba.
Ya lo había dicho: las cámaras de hace más de diez años no podían haberles resultado tan fáciles de conseguir a los Rojas.
Pero…
La mirada de Sofía se paseó por el video borroso y oscuro.
En esos años, la tecnología de grabación no era lo que es hoy, así que aunque ampliaran la imagen solo se veían figuras difuminadas y la disposición general del hospital.
—En este fragmento, no alcanzo a ver ninguna manipulación —comentó Esther, deteniendo el video justo en el momento en que Oliver mencionaba la morgue donde supuestamente estaba el cuerpo de Leonor.
Las letras de “morgue” en la esquina superior derecha brillaban con un tenue resplandor verde, dándole al video un aire inquietante.
—Gente de Villa Laguna. El nombre: Leonor.
En la imagen, un médico le daba instrucciones rápidas a la enfermera encargada de la morgue, quien simplemente asintió y empujó la camilla con el cuerpo cubierto hacia una cámara frigorífica.
Sofía afinó la mirada, enfocándose en ese bulto bajo la sábana blanca.
Cada vez le parecía más extraño.

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