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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 442

—Hasta la próxima.

Justo antes de bajar del carro, Sofía Rojas se detuvo un instante y giró apenas la cabeza.

La luz caía en su perfil, resaltando su nariz pequeña y delicada. Desde ese ángulo, una suave claridad iluminaba sus facciones.

Su voz, cálida y serena, transmitía cierta intención de consuelo.

Al terminar la frase, se alejó a paso firme.

Alfonso Castillo, sentado en el asiento trasero, la contempló durante un largo rato, siguiéndola con la mirada hasta que Sofía y el grupo que la esperaba desaparecieron a lo lejos.

De pronto, Alfonso esbozó una sonrisa resignada.

—Llévame a la zona residencial.

Dio la dirección exacta. Ahora que Sofía ya no estaba a la vista, su sonrisa desapareció poco a poco. Se recargó contra el respaldo y cerró los ojos, tratando de relajarse.

El carro avanzó. A la distancia, Sofía también se detuvo por un momento y miró hacia atrás.

—¿Qué pasa?

Esther Robles, con aire curioso, se acercó. Sus ojos brillaban con intensidad, contrastando con su estilo gótico y audaz.

—Ya se fue a Santa Fe.

Sofía habló tan bajo que apenas se escuchó.

Su comentario bastó para que el grupo, que platicaba animadamente, quedara en silencio.

—La familia Castillo tiene mucho peso y, con eso, viene una gran responsabilidad. Quedarse en Olivetto no es lo más adecuado —comentó Liam Vargas, con tono tranquilo.

—No es como si fuera imposible verlo de nuevo. Olivetto y Santa Fe están lejos, pero no tanto como Nueva Castilla y Estados Unidos. Mi hermano anda viajando igual y no pasa nada —añadió Antonio Núñez, rascándose la nariz, restando importancia al asunto.

Apenas terminó de hablar, notó una mirada entrecerrada que lo hizo encogerse.

Soltó una risa nerviosa y bajó la cabeza.

—Bueno, Sofía, vamos a comer —intervino Maite López, tratando de desviar la atención.

Sofía asintió, esbozando una sonrisa.

No muy lejos, un lujoso Maybach se detuvo junto a la acera.

—¿Presidente Cárdenas, seguimos detrás de ellos? —preguntó Jaime Calleja, moviendo los dedos sin ganas sobre el volante y mirando de reojo a Santiago Cárdenas por el retrovisor.

—Busca un lugar para comer —ordenó Santiago, saliendo del carro sin más.

Jaime, sorprendido, apenas reaccionó cuando vio a su jefe, impecable en un traje de diseñador, siguiendo discretamente al grupo de Sofía.

Se rascó la cabeza y solo pudo pensar que su jefe estaba decidido a reconquistar a su ex.

...

Restaurante con música en vivo.

El ambiente relajante se mezclaba con melodías suaves. Los cubiertos de madera y las plantas de interior, junto a los estantes repletos de libros, creaban una atmósfera acogedora.

Un hombre como él, el más rico de Olivetto y presidente de Grupo Cárdenas, siempre andaba con guardaespaldas o asistentes. Pero ahora, nada.

—Después de que se fueron, me llevé al testigo de Oliver Rojas al Grupo Cárdenas. Tal vez les sea útil ahora —agregó Santiago, su voz era grave pero sin esa autoridad aplastante que solía tener.

—¿Así que el presidente Cárdenas viene a compartirnos información? —preguntó Maite, con una sonrisa ligera, buscando la aprobación de Sofía con la mirada.

Si Santiago decía eso, seguro era importante. Pero la relación entre él y Sofía era complicada.

—Sí —afirmó, sin apartar la mirada de Sofía—. Reservé un privado.

El mensaje era claro.

Sofía apretó los puños.

No tenía ganas de seguir enredándose con Santiago, menos aún estar a solas con él. Ya le había regalado sin pedir nada a cambio las acciones de Grupo Rojas que Oliver le vendió. Con eso, había hecho más que suficiente.

—Vamos todos juntos —propuso Santiago, con calma.

Sofía lo miró con sorpresa.

¿De verdad no quería hablar solo con ella?

Ya estaba preparada para negarse si él pretendía condicionar la información a un encuentro privado.

Santiago siempre había sido un hombre de poder, acostumbrado a mandar y a que se hiciera su voluntad. Tras el divorcio, su actitud distante y controladora no le era ajena a Sofía, y sabía bien que él aún no superaba lo que hubo entre ellos.

Por eso, ella prefería mantener la distancia. Pero justo cuando pensó que él usaría esa información para tenerla a solas, Santiago eligió invitar también a sus amigos.

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