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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 461

—Sí, ve tú a ayudarle a enviarlo. Estos días, quédate más cerca de ella, hazle caso en todo y apóyala en lo que necesite —Oliver asintió con la cabeza, entrecerrando los ojos, y en su mirada se podía notar que estaba tramando algo—. Ah, y cuando te dé la dirección, apúntala y me la pasas.

Isidora no dejó de asentir.

De pronto, a Oliver se le ocurrió otra cosa y se volvió para mirarla.

—¿Y qué tal te va últimamente en la empresa?

Después de mucho pensar, había decidido que, en cuanto lograra escapar con Leonor, lo mejor sería no llevarse a Isidora. Pero al final, Isidora era su hija con Leonor, así que pensó dejarle Grupo Rojas, aunque estuviera en decadencia.

Al fin de cuentas, ella no era como Leonor o Víctor Rojas. Había crecido junto a él, viviendo en la casa de los Rojas y, de hecho, había tenido una vida mejor que Sofía, la legítima heredera. No sentía que le debiera nada a Isidora. Si hacía esto por ella, ya era bastante.

Por eso, últimamente andaba de un lado a otro, entre la empresa y el departamento, para que Isidora se acostumbrara a estar ahí y aprendiera bien cómo funcionaban las cosas.

—Varios gerentes me han dicho que hago muy bien mi trabajo —comentó Isidora, acercándose para abrazarle el brazo con un toque de niña consentida, moviéndolo con suavidad—. Pero, papá, ¿y ahora qué hacemos? Sofía le prometió a los medios que aclararía todo en unos días, pero ya pasaron dos...

Aprovechó para cambiar de tema, mirando a otro lado con cierta incomodidad. En realidad, desde la escuela hasta el trabajo, siempre había sido un desastre en todo lo que hacía. Eso de que la felicitaran, se lo acababa de inventar.

A Oliver no pareció importarle su actitud, más bien se centró en lo que le había preguntado. Soltó un resoplido.

—Eso es puro cuento para ganar tiempo. Si no, ¿cómo es posible que hasta hoy no haya hecho nada?

Isidora asintió, y en ese momento sintió que el peso que llevaba encima se le quitaba un poco.

...

Al día siguiente.

Isidora llegó casi al amanecer a la mansión de los Rojas. Cuando entró, vio que Ivana estaba en el jardín regando las plantas.

Desde que Oliver y ella se habían separado, la casa le parecía todavía más vacía.

—¿Isi? ¿Por qué llegaste tan temprano?

Ivana no pudo ocultar su sorpresa al ver a Isidora.

Isidora le regaló una sonrisa dulce y se acercó para abrazarla por el brazo.

—Mamá, como ayer estuviste ocupada, vine temprano a ayudarte con el envío.

Ivana asintió, pero alzó la vista hacia el piso de arriba, con una mirada indecisa.

Se fue sin mirar atrás. En ese momento, fue más dura que sus propios padres.

Al pensar en eso, Ivana sintió que le temblaban las piernas.

Isidora corrió a sostenerla.

Los dedos de Ivana se aferraron al brazo suave y delicado de Isidora. Hubo un tiempo en que su propia piel era más fina que la de su hija.

La familia Santana era famosa en todo Santa Fe, y ella, siendo la única mujer de su generación, había sido la consentida, la princesa mimada de la ciudad.

¿Y ahora?

Ivana levantó la cabeza. Todo el esplendor de su pasado se había desvanecido, y lo único que quedaba ante ella era ese jardín que, aunque lo cuidaba con esmero, seguía mostrando ramas secas.

Sintió una punzada de tristeza.

—El vestido de novia sigue arriba, la dirección está en la caja fuerte de mi cuarto. La clave es la fecha de cumpleaños de tu padre.

—Isi, ayúdame a enviarlo, por favor.

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