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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 464

—¿Ahora sí podemos pasar?

Cuando Maite guardó de nuevo sus documentos, la mujer que encabezaba al grupo dejó ver que la sorpresa ya se le había ido. Su expresión se endureció, los pómulos tensos y la mirada seria.

—Normalmente necesitamos la indicación de los superiores para esto. ¿Tienen tiempo? Voy a hacer el reporte, pero casi seguro que no habrá problema.

Maite y Sofía intercambiaron una mirada. Luego, Maite le hizo una seña con la mano.

—Adelante, hazlo.

La mujer se fue a paso firme, el taconeo de sus zapatos resonando con autoridad por el pasillo.

No tardó mucho en regresar. Esta vez venía acompañada de una anciana de andar pausado, que tenía todo el aire de alguien acostumbrado a tomar decisiones.

—Buenas tardes, ella es la directora del hospital. Le comenté la situación y quiso venir personalmente a recibirlas.

La encargada de la sala de monitores les hizo una pequeña reverencia.

Sofía y Maite ni se inmutaron.

—¿Sería posible que me dijeran a qué vienen? —preguntó la directora, cuya edad se notaba en su espalda encorvada, aunque el brillo de sus ojos desmentía cualquier signo de debilidad.

—Eso no podemos decirlo por ahora —negó Maite, tranquila—. Ya mostré mi acreditación, sólo pedimos su colaboración.

—Entiendo…

La directora no insistió más.

—Vengan conmigo, por favor. El archivo es un área restringida del hospital. Ofelia, quédate en la sala de monitores hasta que regresemos.

La orden fue clara y autoritaria. Acto seguido, guió a Sofía y Maite por un largo pasillo hasta la sala de archivos.

Al abrir la puerta, un olor a encierro y papeles viejos, de esos que casi nadie toca, se les pegó a la ropa.

Había estantes repletos de carpetas, cada una con su etiqueta. La directora fue directo a un rincón sin dudar.

—Aquí tienen el video de seguridad que buscan. Es de todo el mes de junio de ese año.

Sofía revisó por encima y asintió.

—De verdad, muchas gracias.

La directora agitó la mano como restándole importancia, pero unas gotas de sudor le recorrían la frente.

Sofía notó la tensión en la directora y se cruzó una mirada con Maite.

Maite le guiñó un ojo, en señal de que estuviera tranquila.

Las tres regresaron a la sala de monitores. La directora hizo que Ofelia les preparara una computadora aparte para revisar el video.

Pronto, la pantalla mostró justo lo que Sofía y Maite llevaban semanas buscando.

—Por favor… No me saquen de aquí. Mi esposo está intentando conseguir el dinero.

La doctora soltó un suspiro, la preocupación reflejada en su rostro. Miró la barriga de Regina, sabiendo lo débil que estaba la futura mamá. No había recibido buena alimentación durante el embarazo; el parto sería un reto tanto para ella como para su bebé.

—Descanse. Espere a su esposo —dijo la doctora.

En cuanto la dejaron sola, Regina se derrumbó sobre la cama. Sus ojos perdieron el brillo y, tras un largo rato, una lágrima se deslizó por su mejilla.

Sin pensarlo, acarició su vientre. Mordió los labios y estiró el brazo buscando el celular.

[Lázaro, el hospital está presionando… ¿Cuándo vas a volver?]

—Adelanta el video —ordenó Sofía, con voz grave.

Ofelia obedeció, moviendo la barra hasta que apareció Lázaro en la imagen.

Sofía y Maite contuvieron el aliento.

Lázaro entró apurado, la preocupación dibujada en cada gesto.

—Regina, voy a pagar ahora mismo —le aseguró, tocándose el bolsillo mientras salía casi corriendo hacia la caja del hospital.

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