La frase de Sofía cayó con un peso que dejó a todos callados, incluso aquellos que ya estaban fastidiados por la situación se quedaron en silencio absoluto.
Uno tras otro, todos dirigieron la mirada a Sofía, queriendo captar cualquier señal en su expresión.
Mientras tanto, detrás de Alfonso, los miembros de la familia Santana apretaron los puños. Nadie había planeado ese gesto, pero todos lo hicieron al mismo tiempo, compartiendo una tensión y una punzada de amargura que se reflejaba en sus ojos cuando se miraban entre ellos.
¿Problemas mentales? En sus recuerdos, Ivana siempre había sido una mujer vivaz, libre, incapaz de caer en ese tipo de cosas. ¿Cómo era posible que ahora estuvieran hablando de que tenía problemas de ese tipo?
—No se preocupen, lo que salga de la boca de Isidora no siempre es cierto —Alfonso, atento a la atmósfera cargada de preocupación, bajó la voz y trató de tranquilizarlos.
—Alfonso, queremos verla… Si lo que esa muchacha dice es verdad, ¿podrías pedirle a Sofía que vaya con nosotros a ver a Ivana? —preguntó la abuela, levantando la mirada hacia Alfonso.
La mujer, ya en la última etapa de su vida, siempre había sido una persona fuerte y desenvuelta, pero ahora se encontraba suplicándole a un joven. Eso le dolía en lo profundo, pero… Ivana seguía siendo parte de la familia Santana. La criaron desde pequeña, y por más que intentaran aparentar fortaleza, les resultaba imposible ver cómo se había ido deteriorando.
...
Alfonso se quedó sin palabras ante las miradas tan ansiosas de los mayores. Solo pudo asentir.
—Si de verdad es así, haré lo posible por convencer a Sofía.
Al escuchar su respuesta, los familiares por fin parecieron relajarse un poco.
El abuelo tomó el brazo de Alfonso y le dio unas palmaditas llenas de gratitud.
—Buen muchacho, con alguien como tú al lado de Sofía, ya podemos estar tranquilos.
En cuanto escuchó eso, Alfonso sintió cómo se le subían los colores. Desvió la mirada, completamente apenado.
Los dos ancianos volvieron a mirar en dirección a Sofía, que no estaba lejos. Julia, por su parte, giró la cabeza apenas un poco, atenta a la reacción de Alfonso.
—Oye, chamaco, ¿la muchacha que encontraste en Olivetto… no será Sofía, verdad? —Julia entrecerró los ojos, lanzando una mirada aguda.
Hasta Alfonso, que nunca le temía a nada, se puso nervioso. Se rascó la nariz, tratando de evitar la pregunta.
—Señora Santana, mejor veamos primero cómo están las cosas.
Evitó el tema, pero la vergüenza que se le notaba en el rostro lo delataba por completo.
Julia lo miró otra vez. Ese muchacho de la familia Castillo siempre había destacado en Santa Fe, tanto por su talento como por su atractivo. Alguien así, pensaba ella, sería perfecto para su hija.
Julia apartó la mirada, pero en su interior ya hacía cuentas y se sentía cada vez más satisfecha.
Mientras tanto, Sofía no pudo evitar fruncir el ceño, observando a Isidora y tratando de descifrar si todo lo que decía era cierto.
Isidora aparentaba una pena inmensa, pero en el fondo disfrutaba ver a Sofía acorralada.
Eso era exactamente lo que quería.
Sofía, por más fuerte que fuera, ¿podía vencer la presión de todos los presentes?
En medio de todo ese caos, Sofía captó el destello desafiante en los ojos de Isidora.
El ambiente a su alrededor cambió de inmediato.
Si no aceptaba, al día siguiente los periódicos y redes sociales la destrozarían por insensible. Pero si aceptaba...
Sofía sonrió, con ironía.
Puede que ahora Ivana quisiera arrepentirse y buscarla para remendar el pasado, pero Sofía ya no necesitaba nada de eso. Volver a cualquier sitio relacionado con ellos solo le traería asco y repulsión.
Todos la miraban fijamente, presionándola a responder.
De pronto, Sofía soltó una carcajada.
—¿Cuándo dije que no iba a ir?

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