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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 510

Rafael ajustó su corbata con gesto impaciente, sin ganas de dirigirle palabra alguna a Isidora. En vez de eso, avanzó y, de repente, la sujetó del cuello, descargando un puñetazo directo en su cara.

Isidora apenas pudo reaccionar. El golpe la lanzó del suelo al sofá, y el mundo giró a su alrededor como si hubiera caído en una espiral sin fin.

—Isidora, cuando me usaste como ficha en tu jueguito, debiste imaginarte que este día llegaría —espetó Rafael, dando un paso al frente. Sus dedos se cerraron con fuerza en torno al cuello de Isidora, hundiéndola en el borde del sofá. Su cabello ya rozaba el piso.

La sensación de estar flotando, mezclada con el dolor de casi no poder respirar, le hizo creer que se encontraba bajo el mar, a punto de ahogarse.

Desesperada, Isidora se aferró a la muñeca de Rafael, con los ojos llenos de súplica.

—Yo... yo me equivoqué...

—De nada sirve que lo digas ahora.

Rafael soltó una risa cargada de desprecio y, no conforme, le propinó una patada en la pierna.

Isidora cayó al suelo, sintiendo que cada uno de sus huesos se había hecho trizas. No podía moverse, como si su cuerpo ya no le respondiera.

La desesperanza empezó a crecer dentro de ella, llenándole el pecho hasta asfixiarla.

Con la vista borrosa, Isidora miró la puerta cerrada. Sabía que no le quedaba más que soportar la furia de Rafael.

Su plan había sido perfecto: si los medios captaban fotos comprometedoras de Sofía y Rafael, ambos quedarían destruidos por el escándalo, ni siquiera tendrían tiempo de preguntarse quién había alertado a la prensa.

Jamás imaginó que Sofía tendría un as bajo la manga.

La amargura la consumía. Apoyada en el suelo, Isidora apretó los dientes, pero de pronto un nuevo golpe en la espalda la hizo temblar de dolor y le arrancó lágrimas involuntarias.

Rafael la miraba desde arriba, la mandíbula apretada, con una frialdad que helaría a cualquiera.

—¡Rafael! Fuiste tú quien le hizo esas cosas a Sofía. ¿No pensaste que te podrían descubrir?

Quizá porque sabía que Rafael no la dejaría irse viva, Isidora levantó la mirada llena de furia y rencor. Trató de incorporarse, pero el dolor la obligó a quedarse en el suelo, humillada como un animal al que han pisoteado.

La vergüenza le calaba los huesos y el odio hacia Sofía la quemaba por dentro.

—Eso no te da derecho a manipularme. Solo eres una hija ilegítima que ni siquiera debería estar aquí.

De golpe, el ambiente se volvió más denso. Rafael se quedó helado. Isidora notó cómo el poco coraje que le quedaba se extinguía en su interior, y la desesperación la recorrió de pies a cabeza.

—Sof— ¡Aaaah!

Un grito desgarrador retumbó en la oficina, escalando hasta el techo.

...

En el apartamento

—¿Por qué Isidora no ha regresado todavía? —Oliver frunció el ceño, acariciando distraído el vientre de Leonor.

Leonor seguía comiendo frutas secas, despreocupada.

—¿Qué te preocupa? Si ya salió en las noticias. Sofía aceptó ir mañana a la mansión de la familia Rojas.

Oliver pensó que tenía razón; al fin de cuentas, Isidora ya había cumplido su parte.

Sin embargo...

En ese instante, una figura elegante apareció frente al edificio: una mujer de abrigo beige, cuyos gestos transmitían una mezcla de paz y melancolía que llamaba la atención.

Ivana apretó el bolso entre sus manos. Desde que supo que Isidora no se sentía bien, la joven iba cada tarde a la mansión de los Rojas para hacerle compañía.

Pero hoy ya habían pasado horas y no había señales de ella.

El silencio de la casa le resultaba insoportable, así que decidió salir a buscarla.

Alzó la vista hacia el edificio, tan imponente que parecía tocar las nubes.

Un suspiro escapó de sus labios.

Recordó los años en que ella y Oliver apenas comenzaban, cuando el Grupo Rojas era solo una oficina pequeña. Ahora era una de las empresas más reconocidas de la ciudad.

Al pensar en Oliver, sus ojos se apagaron por un instante.

Sabía bien cómo era él. Aunque Oliver le pidió perdón por sus errores, Ivana venía de una familia en la que los hombres siempre eran ejemplares, jamás un escándalo. Por eso, aunque Oliver mostrara arrepentimiento, ella no podía perdonarlo de inmediato, esa herida seguía ahí, atorada en el corazón.

Además...

Con Oliver fuera de casa y Sofía lejos, e Isidora siempre ocupada en el trabajo, la soledad de Ivana crecía como un vacío imposible de llenar.

Parpadeó, conteniendo la tristeza.

Tal vez, si hoy encontraba a Oliver en la empresa, le pediría que volviera a casa.

Respiró hondo y se encaminó hacia el edificio del Grupo Rojas.

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