Jaime cerró la puerta con sumo cuidado, y al siguiente instante salió disparado por el pasillo, directo a su oficina.
Apenas terminó de enviar los archivos relevantes a Maite, vio que ya le estaba llamando por teléfono.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó Maite con tono serio, los dedos tensos alrededor del teléfono.
Jaime, claramente preparado para esa llamada, soltó el mouse y respondió con especial seriedad:
—Hace un año, el caso de Sofía... ya lo investigamos a fondo. Ahora podemos limpiar por completo su nombre.
—¿Limpiar su nombre? —replicó Maite, reprimiendo la rabia—. Ella ya estuvo un año en la cárcel y apenas acaba de salir. ¿Ahora me sales con que “limpian su nombre”? Si todo fue por sospechas, ¿por qué la metieron presa entonces?
Sus ojos no se despegaban de la pantalla, donde el informe de Jaime destellaba como una herida abierta. Todo su cuerpo temblaba, no de alivio, sino de pura rabia y compasión.
Habían encontrado la verdad...
Pero lo único que podía sentir era impotencia y dolor por su amiga.
Un año de encierro, todo por una trampa, por una injusticia, por una calumnia.
Como amiga de Sofía, lo único que sentía era furia.
Jaime guardó silencio, con los labios apretados. No supo cómo responder a los reproches de Maite, que le cayeron de golpe y sin compasión.
Solo atinó a decir:
—A nombre del Grupo Cárdenas y del presidente Cárdenas, quiero pedirle disculpas a la señorita Sofía. Pronto vamos a aclarar públicamente la verdad de lo que pasó hace un año. Ella no tuvo nada que ver, fue víctima de una injusticia. Todo lo que perdió, su reputación, su licencia de abogada, lo vamos a compensar, igual que cualquier daño que haya sufrido en prisión. Buscaremos la manera de resarcirlo.
La voz de Jaime sonó firme, cargada de una sinceridad casi dolorosa. Siendo cercano a Santiago, él sabía bien cuánto valoraba el presidente a Sofía ahora, y también entendía lo que significaba un año tras las rejas para alguien inocente.
Maite soltó una risa amarga.
—Jaime, deberías hacer que Santiago venga a disculparse en persona.
Sin más, colgó la llamada.
Jaime se quedó con el teléfono en la mano, escuchando solo el tono de desconexión.
Levantó la vista, mirando instintivamente hacia la oficina del presidente Cárdenas, justo enfrente de la suya. Solo vio la puerta cerrada.
Apretó los dedos, dudando si pasarle el mensaje de Maite a Santiago.
Al final, se puso de pie.
...
Villas del Monte Verde
—¡Sofía!
Después de colgarle a Jaime, Maite pasó toda la noche revisando los documentos que le envió. Apenas amaneció, corrió a Villas del Monte Verde lo más rápido que pudo.
A esa hora, la empresa aún no abría.
Apenas tocó la puerta, alguien la abrió desde adentro.
Sofía la recibió con una mirada atenta, aunque algo desconcertada por la expresión urgente de su amiga.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Valiente Renacer de una Madre Soltera