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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 559

—¿Y la señorita Sofía?

Jaime asomó la cabeza con mucho cuidado, como si temiera que una ráfaga de aire pudiera barrerlo. Pero justo en ese momento, Maite también alcanzó a ver al hombre que estaba detrás de él.

Santiago, con su figura alta y delgada, se mantenía erguido en la entrada. Ni siquiera necesitaba decir nada; su sola presencia imponía respeto, como si llenara el aire de una tensión invisible. Sin embargo, aquel día, algo en él era distinto: la tristeza se le notaba, envolviéndolo como una nube tenue.

Maite y Santiago cruzaron la mirada por encima del hombro de Jaime.

—Con permiso —dijo Santiago, asintiendo apenas, educado.

—¡Pum!

El estruendo sacudió el pasillo. Maite había cerrado la puerta de golpe, tan fuerte que Jaime dio un brinco hacia atrás con los ojos desorbitados. Si hubiera tardado un segundo más, seguro le habrían roto la nariz.

Jaime se quedó petrificado, boquiabierto ante la reacción inusual de Maite. Ella, por lo general, no era tan impulsiva.

Al girar, Maite se topó de lleno con la expresión llena de asombro de Sofía. Solo entonces se dio cuenta de lo brusco que había sido su movimiento. Se le escapó una tos para disimular.

—Ni se te ocurra verlos —advirtió enseguida, y su semblante volvió a endurecerse.

Si no fuera porque Sofía le había recordado, probablemente ya habría dejado pasar a los dos, considerando que Santiago últimamente les había ayudado bastante con la investigación. Pero… ahora que estaban ahí, no cabía duda: venían a disculparse por lo de hace un año. Y eso no iba a ser tan sencillo.

—Sofía, hoy vengo a pedirte perdón y a enmendar mi error —la voz de Santiago se filtró por la puerta, firme pero cargada de pesar.

Sofía ni se movió, pero Maite arrugó la cara con disgusto.

—Voy a marcarle a Esther —masculló—. Así, si se arma algo, tenemos refuerzos.

Sofía soltó una risa sin poder evitarlo al ver a Maite tan a la defensiva, pero no dijo nada más. Solo esperó, tranquila. Después de todo, ya no era esa chica ingenua que por amor había rechazado la oferta de un gran despacho para entrar al Grupo Cárdenas. Ahora, los amigos significaban más que cualquier amor caducado.

—¿¡Qué!? ¡Ese tipo sí que tiene cara para aparecerse! —Esther explotó en cuanto Maite le explicó la situación. Su voz retumbó hasta el altavoz—. ¡No abran la puerta! ¡Voy para allá!

Sin dejar espacio a réplica, Esther colgó de golpe. Sofía, que tenía el oído atento, escuchó el tintinear de las llaves del carro de Esther justo antes de que terminara la llamada.

Maite bajó el celular y, al ver que del otro lado alguien estaba aún más alterada que ella, logró calmarse un poco.

Sofía, mientras tanto, se acercó sigilosamente a mirar por el visor de la puerta. Santiago y Jaime seguían ahí, firmes, como dos soldados en guardia. Parpadeó y se apartó del ojo mágico.

—¿Sofía, qué pasa? —de repente, una voz somnolienta se escuchó detrás de ellas.

Jasper apareció frotándose los ojos, con la cara hinchada de sueño y la confusión de quien acaba de ser arrancado de la cama.

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