Villas del Monte Verde
—Sofía, lo de hace unos días fue porque tu madre se emocionó demasiado, no me lo tomes a mal. Ahora que volviste con la familia Rojas, ¿por qué no dejas de vivir afuera? Quiero compensarte, hija. Justo Isi se enteró que aceptaste regresar y hasta se apresuró a hacerse la cirugía para salir del hospital. Yo misma voy a cocinar hoy para celebrar que por fin estamos todos juntos.
La voz al otro lado del celular sonaba suave y cariñosa, como si fuera la imagen viva de una madre preocupada por su hija.
Pero Sofía, al recibir la llamada, mantenía una expresión impasible. De hecho, se acomodó un poco más lejos, como si no quisiera que esa voz la alcanzara.
—¿Sofía?
Al notar que del otro lado no obtenía respuesta, Ivana no pudo evitar llamarla de nuevo, aunque en su tono asomó un deje de enojo que no consiguió disimular.
Oliver, que estaba junto a ella, frunció el ceño y con la mirada le indicó a Ivana que se calmara.
Ivana se contuvo, esforzándose por mantener la actitud que Oliver le exigía.
—Hija, ahora estás sola allá fuera. Cuando eras niña, tu mamá no estuvo tan al pendiente y ya de grandes nos fuimos distanciando. Hace años que ni te veo bien. ¿Por qué no me dejas compensarte, sí?
Ivana insistió, buscando otra oportunidad.
En ese instante, Esther, que estaba cerca de Sofía y también miraba el celular de reojo, frunció los labios y, exagerando los gestos, movió la boca sin emitir sonido: “¿Una oportunidad para compensar? Mírala, mírala”.
Con la boca en forma de O y los ojos parpadeando con picardía, Esther parecía una caricatura burlona.
Maite, que presenció la escena, solo negó con la cabeza, resignada, pero tampoco intervino para detenerla.
Al fin y al cabo, su sentir no era muy distinto al de Esther: ninguna creía en esa repentina ola de amor maternal de Ivana.
—No vayas.
Maite, imitando el teatro de Esther, también movió los labios sin voz, advirtiendo a Sofía.
Sofía, por su parte, no ocultó su desinterés frente a Ivana, pero al mirar a Maite y Esther, la sombra de una sonrisa se dibujó en su cara.
—Está bien.
Después de un largo silencio, la respuesta de Sofía retumbó en la línea, dejando a Ivana sorprendida. Ella levantó la mirada para buscar la reacción de Oliver.
Él asintió varias veces, satisfecho.

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