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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 697

Oliver le dio unas palmaditas en el hombro mientras sonreía:

—Ya, ya, si apenas me relajé un poquito y vine corriendo a estar contigo, ¿no?

Ambos se empujaron de broma, y hasta Víctor, que los miraba de reojo, soltó unas carcajadas.

Oliver le lanzó una mirada fulminante:

—¿Y tú qué? ¿Por qué no te vas a tu cuarto a hacer la tarea?

La sonrisa de Víctor se desvaneció al instante, y, resignado, cerró la puerta de su cuarto de mala gana.

—Ahora sí, hoy te voy a acompañar como se debe.

Leonor se quedó mirando a Oliver, sintiendo que algo dentro de ella volvía a aflojarse. Sin poder evitarlo, jaló suavemente la corbata de Oliver y le soltó:

—¿De verdad?

—Por supuesto.

Oliver notó que Leonor tenía algo diferente, pero al mirarla más de cerca, seguía viendo a la mujer coqueta y encantadora de siempre. Reprimió esa extraña sensación en el pecho, convenciéndose de que solo era el cansancio de los últimos días.

De pronto, Leonor se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza:

—¡Bien!

—Riiing riiing—

Justo en ese momento, el celular en el bolsillo de Oliver comenzó a vibrar.

El semblante de Leonor se ensombreció al instante, pero Oliver, sin notarlo, sacó el teléfono y, al ver el nombre de Isidora en la pantalla, contestó con voz calmada:

—¿Qué pasa, Isi?

—¡Papá! ¡Tenemos un problema!

La voz de Isidora sonaba desesperada.

Oliver frunció el ceño:

—¿Qué pasó? Tranquila, dime bien.

—¡Olivia nos delató!

—¿¡Qué!?

Oliver, que apenas hace un segundo intentaba tranquilizar a su hija, casi saltó de la impresión.

Oliver sentía que la cabeza le iba a estallar:

—Te lo prometo, estos días saco tiempo para estar contigo. ¿No decías que querías ir al chequeo? Dame unos días y te acompaño, ¿va?

Le habló con toda la paciencia que le quedaba, aunque por dentro la molestia le iba subiendo como espuma.

La mirada de Leonor, por fin, mostró un poco de luz.

Alzó la vista y preguntó:

—¿En serio?

—¡Por supuesto!

Oliver no paraba de asentir, tratando de convencerla. Después de lo que pasó la última vez que Leonor terminó en el hospital, siempre estaba alerta de que algo pudiera salir mal. Ahora que todo parecía estar en calma, pensó que solo debía tomar precauciones y pasar desapercibido.

—¡Si te atreves a faltar a tu palabra, cuento todos tus secretos!

Leonor lo miró con picardía.

Oliver soltó una carcajada y, convencido de que solo estaba jugando, la abrazó por los hombros, la acercó un poco más y le plantó un beso en la mejilla:

—¿Tú y yo? Nos conocemos de sobra. ¿Cómo crees que te dejaría sola?

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