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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 926

Oliver Rojas se frotó la frente con los dedos.

—No quise decir eso.

—¿Entonces qué quisiste decir?

Los labios de Ivana Santana temblaban, con una expresión de dolor que daba lástima.

Al ver que las cosas se salían de control, Isidora Rojas intervino rápidamente para calmar las aguas.

—Tranquila, mamá. Papá solo estaba alterado y habló sin pensar.

Acarició la espalda de Ivana, pero esta le apartó la mano de un manotazo.

—¡Tú y tu padre están en mi contra!

Lloriqueó con el rostro arrugado por la desesperación.

Isidora sintió un pinchazo de pánico y la miró de inmediato, pero al ver que solo lloraba desconsolada, suspiró aliviada.

Por un momento, pensó que Ivana había descubierto la verdad. Fue solo una falsa alarma.

Isidora la miró de reojo con un toque de desprecio e ironía.

Ivana solo lloraba con la cabeza gacha, ajena a todo.

—Ya, no llores más. Tómate tu medicina.

Pensando que Ivana aún le era útil, Oliver, aunque fastidiado, tomó el frasco de pastillas de las manos de la empleada y sacó unas cuantas.

—¡No quiero nada!

Llena de resentimiento, agitó los brazos para evitar que se acercaran.

La paciencia de Oliver estaba al límite.

¿Acaso se creía que seguía siendo esa niña mimada y caprichosa de su juventud?

Un destello de asco cruzó por sus ojos, pero al recordar la inmensa fortuna de los Santana, logró reprimir su enojo.

—El doctor dijo que estás muy débil, tómate esto primero. Ya tendrás tiempo para enojarte después.

Oliver suavizó su tono, sirvió un vaso de agua y se lo entregó personalmente.

Quizás por la inusual gentileza de Oliver, algo que no veía desde hacía mucho, Ivana parpadeó confundida y, esta vez, no armó un escándalo.

—Mamá, tómatela. Papá solo estaba estresado y dijo cosas que no sentía. No le tomes importancia —añadió Isidora con voz dulce.

—Así es, señora. El doctor insistió en que se la tomara apenas despertara —dijo la empleada, genuamente preocupada.

Al sentirse nuevamente el centro de atención, Ivana experimentó una sensación agridulce que la hizo lagrimear.

Ya no se resistió; tomó el vaso y se tragó las pastillas dócilmente.

La medicina hizo efecto rápido y poco a poco el rostro de Ivana recobró algo de color.

Isidora se quedó a un lado, pensativa.

Oliver soltó un suspiro de alivio.

Al menos, de momento, Ivana no podía empeorar.

—A partir de mañana, después de la cena, Sofía vendrá a acompañarte por unas horas.

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